segunda-feira, 14 de janeiro de 2008

Un diario chino aborda abiertamente la homosexualidad por primera vez

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Una chica lee en la edición de hoy de 'China Daily' el reportaje sobre los homosexuales.- EFE


'China Daily' ofrece en su portada un reportaje sobre el testimonio de tres personas homosexuales


EFE / ELPAIS.com - Pekín / Madrid

El diario oficial China Daily, el principal en inglés del país, ha sorprendido hoy a sus lectores con un reportaje sobre la homosexualidad y una foto a toda página de dos hombres chinos besándose, un tema que hasta hace pocos años era ocultado por el Gobierno y su aparato propagandístico. Incluso la homosexualidad era perseguida por las autoridades.


El diario y su versión digital (www.chinadaily.com.cn) ofrecen hoy, bajo el título de "Orgullo y prejuicio" ("Pride and prejudice"), los testimonios de tres homosexuales chinos, que cuentan sus historias y dificultades para aceptar y vivir su sexualidad en un país donde la homosexualidad es tabú. Uno de ellos es Tong Ge, un escritor de 57 años que estuvo casado y tuvo un niño antes de salir del armario. Ruo Zhe, de 33 años y autor del primer portal en Internet de temática gay en China (www.gztz.org), y una lesbiana de 26 años identificada con un seudónimo son los otros dos protagonistas del artículo, uno de los primeros del país que pone nombre y cara a la casi desconocida comunidad homosexual del país asiático.

China Daily cuenta las dificultades que esa comunidad -de entre cinco y 10 millones de personas, según los estudios- afronta en una sociedad todavía muy tradicionalista, "en la que se arriesgan a perder sus empleos y distanciarse de familia y amigos".

Tong señala que cuando se percató de su orientación, en plena Revolución Cultural (1966-76), "ni siquiera sabía que hubiera una definición para ese comportamiento" y sólo a mediados de los años 70 descubrió que en las ciudades había "lugares secretos" como parques y baños públicos donde se encontraban los homosexuales. El sexo seguro entre ellos era imposible, pues los preservativos eran entregados por oficinas de planificación familiar en las unidades de trabajo y sólo a los que estaban casados.

Ruo confiesa que se sentía como "un monstruo" pues la legislación china consideraba la homosexualidad una enfermedad mental, situación que perduró hasta 2001. Afirma que incluso intentó mantener una relación con una chica, aun sabiendo que no sentía nada por ello. Tras graduarse en la universidad, abandonó Pekín para trasladarse a la ciudad de Guangzhou para que sus padres no descubrieran su homosexualidad y fue entonces cuando invirtió sus ahorros en un ordenador. "Sólo al consultar webs extranjeras me enteré de que no era el único gay en el mundo", asegura el joven informático. Entonces empezó a conocer a otros gays a través de Internet y en locales, pese a que en un principio le aterrorizaba encontrar cara a cara a otros homosexuales, hasta que, en 1998, lanzó la primera web china para gays, que pretende ser una plataforma para que los homosexuales puedan conocerse. También ofrece noticias o consejos de salud. Pese a todo, aún evita las muestras de cariño con su pareja en público, como muchos otros, por la "presión social". Cree que aún hay que esperar para que la gente les "acepte".

El último testimonio es el de una lesbiana de 26 años, cuya experiencia se centra en el trauma que supuso para ella hablar a sus padres de su condición sexual: "Ningún padre puede aceptar un hecho como éste. Esto siempre ha sido así en China". Y más en el caso de sus padres, que se pasaron años arreglando para ella citas con hombres para que encontrara al "hombre adecuado". Ella se las arreglaba para romper estas relaciones hasta que se dio cuenta de que "no quería hacer daño a nadie más" y habló con su familia. La reacción fue llevarla a un importante centro psiquiátrico de Pekín, donde el diagnóstico, descorazonador para los padres, fue que era "perfectamente normal". Pese a ello, la chica apenas tiene ya contacto con su familia, que no acepta su condición. "La comprensión de tu familia es más importante que la de el resto del mundo. Si me aceptara, estaría menos deprimida", dice. Ahora sólo espera poder vivir algún día con su pareja, una compañera de la universidad.

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