Mostrando postagens com marcador Exposições. Mostrar todas as postagens
Mostrando postagens com marcador Exposições. Mostrar todas as postagens

quarta-feira, 6 de fevereiro de 2008

Modigliani

Nunca tuvo un techo estable. Vivió eternas noches de desenfreno etílico. Pero fue, según Picasso, “el único en París que sabía vestir”. El Thyssen le dedica una de las más atractivas exposiciones del año.

modigliani3.jpg

modigliani_foto.jpg

EL PAÍS

En 1950, Jean Cocteau publicó un pequeño libro sobre Amedeo Modigliani, de quien el escritor francés había sido amigo y modelo en los días parisienses en torno a la I Guerra Mundial. Semblanza personal y breve recuento de la peculiar manera del pintor toscano-sefardí afincado en Francia, llama la atención en ese texto, como en otras significativas anotaciones de los diarios de Cocteau, el lamento económico.

Aunque toda su vida fue un dandi muy gastador y a menudo subvencionado por generosos mecenas, Cocteau insiste en contar en 1950 cómo el retrato al óleo que le hizo Modi en 1916 tuvo que quedarse depositado en la bodega del café La Rotonde, no teniendo ni Jean ni Amedeo el dinero para trasportarlo en un taxi. El dueño del famoso lugar de reunión de los artistas de Montparnasse, después de guardarlo durante años sin prestarle atención, un día se desprendió de él. Y añade Cocteau: “En 1939 se vendía por siete millones en Inglaterra”, pero dos dé­cadas antes, en los años de la bohemia, “no nos preocupábamos de las consecuencias de nuestros actos. Ninguno de nosotros vivía bajo el ángulo histórico. Tratábamos de vivir, y de vivir juntos”.

Dedo, como también se le llamaba familiarmente a Modigliani, ni se acogió al ángulo histórico, ni tuvo en su corta vida un techo estable y saneado. La pobreza del pintor es tan definitoria como su alcoholismo, y ambas condiciones no menos significativas que las narices y los cuellos alargados de las figuras de sus lienzos. También dandi a su manera, y muy presumido (aparte de apuesto), la miseria de Amedeo se compaginó siempre con una desastrada elegancia: chaquetas de terciopelo (con rozaduras y lamparones), fulares rojos estilo Garibaldi, sombreros de ala ancha. De creer a su amigo el poeta Max Jacob, Dedo fue el primer hombre que llevó una camisa de cretona, mucho antes de que esa moda se extendiera por el mundo, y, según el propio Jacob, Picasso le dijo en cierta ocasión: “El único en París que sabe vestir es Modigliani”.

Orgulloso, irascible, más fiel en la amistad que en el amor, Modi tuvo un modo aristocrático de decir que no: mientras que varios de sus colegas necesitados (como Brancusi) fregaban platos en los restaurantes o descargaban fardos en los muelles, él rechazaba no sólo cualquier tipo de labor que le apartase del arte, sino, en más de una ocasión, la venta de sus obras a quienes mostrasen ignorancia o mera ansia comercial (algo que evoca, por cierto, con gran elocuencia la escena de los millonarios norteamericanos de la gran película de Jacques Becker Los amantes de Montparnasse, donde la trágica pareja formada por Amedeo y Jeanne Hébuterne la interpretan Gérard Philipe y Anouk Aimée).

modigliani.jpg

La exposición que ahora se abre, organizada por el Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid, lleva el título Modigliani y su tiempo, siendo las intenciones de su comisario, Francisco Calvo Serraller, no sólo presentar, naturalmente, una sustancial muestra de la obra de Modigliani, sino localizar su arte, cosa a mi modo de ver tan apropiada como fascinante. En cada una de las nueve secciones que ocuparán los espacios de la Casa de las Alhajas (maravillosa sede de exposiciones de Caja Madrid) y del Museo Thyssen habrá siempre un diálogo entre sus cuadros, dibujos y esculturas (una actividad muy esencial y tal vez menos conocida de Modi) y la obra de quienes le influyeron, le admiraron, le ayudaron, le soportaron y le acompañaron, algunos más en las farras que en la estima por lo que pintaba. Los nombres de esos inspiradores y acompañantes coetáneos no requieren mayor comentario: Cé­zanne, Gauguin, Toulouse-Lautrec, Matisse, Derain, Brancusi, Picasso, Lipchitz, Soutine, Foujita…, entre muchos otros.

modigliani2.JPG

El de Picasso, sin embargo, sí conlleva un interés añadido, en función de las relaciones, más tenues que intensas, que ambos tuvieron en los escenarios de Montmartre y Montparnasse. Las leyendas de su rivalidad, basadas en relatos novelescos de algunos escritores contemporáneos, tienden a exagerar, aunque algunas son deliciosamente pintorescas. Una de las más difundidas es la que contó Roland Penrose sobre ese día del otoño de 1917 en que Picasso, sintiéndose inspirado a mitad de un bombardeo en Montrouge y no teniendo una tela sobre la que trabajar, tomó un cuadro de Modigliani que había comprado y, tras aplicar a su superficie una capa densa de pintura blanca, pintó encima una naturaleza muerta. El episodio se convierte, por cierto, en el detonante de la grotesca tragedia descrita en la otra película realizada sobre Dedo (y por fortuna apenas difundida en cines), la atroz Modigliani, en la que su director, Mick Davis, toma algunos hechos reales para acomodarlos crudamente a su intención, que es la de hacer de Modi un mártir judío y de Picasso un fantoche taurino y envidioso, tal vez secretamente enamorado del bello Amedeo.

Mucho más perspicaz y típicamente ingenioso es el paralelo que Ramón Gómez de la Serna, otro ocasional parisiense de la época, traza del implícito duelo o recelo que pudo existir entre el desbocado italiano y el astuto genio malagueño, basándose en sus modos tan distintos de estar en los cafés. Describiendo una velada en el ya citado refugio de los artistas montparnos, La Rotonde, escribe Ramón: “Modigliani, borracho y con su amigo de rubios tortillons [moños], armaba un escándalo feroz, y Ortiz de Zárate, con su cara de monstruo, le escudaba cercano. Picasso, bajo su sombrero hongo, procuraba tener tranquilidad y sonreía en las discusiones; ya se veía que iba allí en última temporada para no ser llamado ingrato”.

La desdicha unida a la pobreza (y al alcohol y las drogas) minaron la resistencia de Modi, perjudicando a la vez, por el desorden frenético de su originalísima personalidad artística, el aprecio de sus contemporáneos. Los malditos suelen gustar pasado un tiempo prudencial, que incluye su muerte. Para entonces ya no vomitan, borrachos perdidos, en los vernissages de las galerías, ni replican con insolencia al que no llega tan lejos. Lo curioso, sin embargo, es la calidad circunspecta, incluso apagada, de su pintura, que, surgiendo seguramente de la tormenta, nunca la deja atronar en el lienzo. Su forma de dibujar, dijo Cocteau, era “una conversación silenciosa”. Pocos pintores del siglo XX fueron tan conspicuos en su estilo y tan impermeables al aire de los tiempos (y las modas). Los personajes del mundo Modigliani se parecen, como si el artista se apropiase del alma de los retratados, dándoles a todos la semblanza de su propia y enfermiza melancolía.

No eligió ningún ismo al que ir a acogerse, en el tiempo del cubismo, el futurismo, el expresionismo. Esa suprema arrogancia es la mayor riqueza legada por su extraordinaria obra, aunque no haya impedido las acusaciones de artista retrógrado y la condescendencia conmiserativa a la que también se sumó Gómez de la Serna: “El pobre Modigliani, que se tiró por un balcón y detrás de él su amada, matándose los dos sobre las losas funerarias de la acera”.

‘Modigliani y su tiempo’ se puede ver en Madrid desde el 5 de febrero hasta el 18 de mayo. Museo Thyssen- Bornemisza y Casa de las Alhajas de Caja Madrid.

quinta-feira, 31 de janeiro de 2008

Expo Edouard Boubat à la MEP: Trop de bonheur ?

boubat_sophie.jpg

Expo “Révélation à la Maison européenne de la photo jusqu’au 30 mars 2008

Robert Doisneau et Willy Ronis à l’Hôtel de ville voilà quelques années, Edouard Boubat à la MEP aujourd’hui : les photographes dits humanistes enthousiasment les foules. Les images sucrées de notre douce France font recette, inlassablement, et le public miné aime venir se ressourcer au contact du bonheur qui s’affiche en noir et blanc sur les murs des musées et galeries. Sûr que ça change de la jeunesse disloquée de Larry Clark, que la même Maison Européenne de la photographie exposait, il y a quelques semaines encore… Voici donc Edouard Boubat (1923-1999), souvent qualifié de “photographe du bonheur” et de “correspondant de paix”, ainsi que l’évoquait Jacques Prévert en juin 1971, à l’occasion d’une exposition parisienne qui lui était consacrée : “Que dire de plus ? Il n’y a qu’à voir ce que Boubat voit et nous fait voir. Dans les terres les plus lointaines ou les grands déserts de l’ennui, il cherche et trouve des oasis”, écrivait ainsi le poète…

Images culte et reproduites à l’infini

Entre 1946 et 1999, l’artiste français a sillonné le monde revenant souvent à son port d’attache, Paris. On peut séparer son oeuvre en deux grandes thématiques.
Le bonheur d’abord, l’insouciance, avec des images cultes et reproduites à l’infini, de cartes postales en couvertures de livres (chez Christian Bobin notamment) et une part belle faite à la lumière. Boubat disait d’ailleurs, en 1983 : “On me demande souvent comment avez-vous commencé. J’aimerais dire par la lumière”. Ses modèles de prédilection, récurrents ? D’abord les gosses, insouciants, culottes courtes vissées à un comptoir, ou jouant dans les premières neiges du jardin du Luxembourg. Encore les amoureux éperdus, enlacés, seuls au monde, de Pittsburgh à la Suède, en passant par Paris, avec des clichés qui rappellent furieusement ceux de Doisneau.

boubat-leila-rapho.jpg
Enfin, et surtout, les femmes. Sa première muse, Lella, est présente souvente dans la première partie de la rétrospective. Longs cheveux ondulés dans le vent, chemisiers transparents, regard rêveur. A la fenêtre, au bord de l’eau, sur la plage ou sur un port, elle écume la Bretagne sous l’oeil amoureux du photographe. Il y a aussi Sophie, la deuxième épouse, à Collioure (image ultra-célèbre ci dessus) qui scrute l’horizon, en robe à pois et chapeau de paille. Et puis des femmes du bout du monde : celles de Madras notamment, cheveux ébènes coiffés d’une natte, robe blanche, les pieds dans l’eau. On découvre aussi, ici et là, quelques paysages un peu gnan-gnan : un bateau sous le soleil déclinant en Baie de Somme, un voile brumeux qui recouvre l’horizon d’une vaste plage, un oiseau seul dans l’immensité entre mer et sable…

Boubat Photoreporter
Mais l’exposition, dont les photos ont été sélectionnées par Jean-Luc Monterosso et Bernard Boubat, fils d’Edouard, s’appelle “Révélations”. La MEP voudrait-elle révéler un autre aspect de l’oeuvre de Boubat ? Car l’homme a aussi joué les photoreporters pour le magazine “Réalités” - auquel une exposition conjointe, passionnante, est d’ailleurs consacrée. Son objectif alors : “Tenter de montrer les travaux et les jours”. Et c’est là que sa démarche se fait plus intéressante, moins lisse. Quand l’homme accompagne les travailleurs du bout du monde -paysans du Minho au Portugal, pêcheurs italiens ou portugais, ouvriers sur un chantier, artisans de Paris- ou croque les artistes de son temps, avec plus de vérité, laissant surgir les aspérités, de l’ami Doisneau à Jacques Prévert, de Marguerite Yourcenar à Gaston Bachelard. Quand il croque les artistes de cirque dans les favelas brésiliennes, les enfants sur le bord des routes mexicaines. Quand il se met en scène aussi, avec ou sans sa petite famille, au fil de divers autoportraits. On voit le jeune homme devenir plus mûr, puis vieux, les cheveux se raréfier, les rides se creuser, la mort au bout de la vie. C’est enfin touchant.

Expo Edouard Boubat , “Révélations”, à la Maison Européenne de la photographie jusqu’au 30 mars 2008.

Essaouïra, Maroc, 1971 © Edouard Boubat, Rapho

Photos :
- Sophie (détail), Collioure, France 1954 © Edouard Boubat / Rapho
- Lella, France, 1947 © Edouard Boubat / Rapho
- Essaouïra, Maroc, 1971 © Edouard Boubat, Rapho

FONTE FLUCTUAT.NET

Nedjma Van Egmond

domingo, 27 de janeiro de 2008

Lee Miller


Lee Miller Wearing Yraide Sailcloth Overalls, 1930
(© George Hoyningen Huene)


Lee Miller, The Bürgermeister`s daughter, Town Hall, Leipzig, 1945 (Copyright: © Lee Miller Archives, England, All rights reserved)

Lee Miller
(Poughkeepsie, 1907 – Sussex, 1977) começou por posar para fotógrafos (Steichen, Hoyningen-Huene, Genthe) em Nova Iorque. Fartou-se da vida de modelo e passou-se para o outro lado do Atlântico (Paris, 1929) e da objectiva, pela mão de Man Ray, de quem foi assistente, amante e musa. O Surrealismo estava lá, claro. E Miller começou por aí, construindo imagens à procura do subconsciente, do sonho e do delírio. Montou um estúdio de fotografia na capital francesa, dedicou-se ao retrato e à fotografia de moda. De volta a Nova Iorque (1932), tentou a mesma sorte. O negócio corria bem até que surgiu Aziz Eloui Bey, um abastado egípcio com quem veio a casar. Fecha a porta do estúdio e muda-se para o Cairo. No Egipto apaixona-se pelo deserto, fotografa-o. Em 1937, o Surrealismo veio ter consigo outra vez. Tinha um rosto, chamava-se Roland Penrose, artista interessado nas profundezas do espírito humano, aquele que viria a ser o segundo marido de Lee. Pouco antes das armas se começarem a fazer ouvir na II Guerra Mundial, o casal muda-se para Londres. Aí Lee Miller aceita um convite da Vogue para trabalhar como staff photographer. A um ano do fim do conflito, a revista manda-a para a frente de combate. Lee forma equipa com o fotógrafo da Life David E. Scherman. Torna-se numa das poucas mulheres a registar a Guerra na Europa. 20 dias depois do Dia D, desembarca na Normandia. Fotografa o cerco a St. Malo, a Libertação de Paris, os combates no Luxemburgo e na Alsácia, o encontro entre russos e americanos em Torgau e a libertação dos campos de concentração de Buchenwald e Dachau. Em Munique, regista as casas de Hitler e Eva Braun. Numa atitude que mostra bem o seu espírito desenvolto e provocatório, pede a Scherman que a fotografe a refrescar-se na banheira do ditador alemão. Com a Alemanha capitulada, parte mais para leste no rasto dos farrapos do nazismo, do horror que ficou. De regresso a Londres, trabalha mais dois anos para a Vogue fazendo retratos de celebridades e moda. Depois do casamento com Penrose (1947) dedica-se sobretudo a retratar artistas. A Farley Farm House, casa do casal em Sussex, torna-se um local de visita obrigatória para a vanguarda artística que passava por Inglaterra. Morre aos 70 anos vítima de um cancro. Tanto ela como o marido pouco fizeram para promover o seu trabalho como fotógrafa. No início dos anos 80, o filho de ambos, Antony, começa a estudar, conservar e promover as imagens da mãe.

David E. Scherman, Lee Miller in Hitler`s bath, Munique, 1945 (Copyright: © Lee Miller Archives, England, All rights reserved)

quarta-feira, 23 de janeiro de 2008

Los 'trenes de la muerte' nazis 'circulan' de nuevo

Varios deportados a campos de exterminio del Tercer Reich,
en una imagen de la exposición Sonderzüge in den Tod.- DEUTSCHE BAHN AG

Una exposición recupera los trenes que transportaron a las víctimas de los campos de exterminio


EFE - Berlín - EL PAÍS

La exposición "Trenes especiales a la muerte", sobre las deportaciones de judíos y gitanos, entre otras víctimas del nazismo, arrancó hoy en Berlín, su primera estación en una muestra itinerante que la compañía de ferrocarriles Deutsche Bahn quiso vetar.

Unos cuarenta paneles ilustran desde el corazón del Berlín actual, la estación subterránea de la Potsdamerplatz, el destino de algunos judíos alemanes, franceses o austríacos deportados a partir de 1938 por el Reichsbahn -los ferrocarriles del Tercer Reich- hacia Auschwitz y otros campos de exterminio nazi.

Niñas como la berlinesa Steffi Bernheim, nacida el 11 de enero de 1930 y deportada a Auschwitz con sus padres el 24 de agosto de 1942. O Brigitte Joseph, nacida ese mismo año también en Berlín y deportada tras un largo periplo que empezó con el intento de huida a Cuba en el barco Sant Louis, junto con otros 937 alemanes, a quienes se desembarcó en distintos puertos, por lo que la nave acabó regresando a Europa.

Una deportación con la complicidad del Reichsbahn

Son sólo algunos ejemplos que documentan la complicidad de la dirección del Reichsbahn en un plan confeccionado con precisión militar hasta deportar, a través de toda Europa, a tres millones de judíos y gitanos.

La presidenta del Consejo Central de los Judíos de Alemania, Charlotte Knobloch, así como su homólogo para el colectivo gitano, Romani Rose, hicieron causa común para hacer que el material se exhibiera ahí, donde, a su juicio, debe estar: en las estaciones.

Le negativa de Deutsche Bahn

Adoptaron como propia la iniciativa del matrimonio franco-alemán Beate y Serge Klarsfeld para exponer en esos escenarios de la Alemania de hoy lo ocurrido entonces. Pero faltaba la aquiescencia de la dirección de la Deutsche Bahn, que se cerró en banda.

"Había diferencias de criterio acerca de si tenía que estar o no en las estaciones. Pero coincidíamos en que queremos que la vea el máximo número de gente", justificó hoy la directora de Personal de Deutsche Bahn, Margret Suckale, en la inauguración de la muestra.

Los ferrocarriles no querían tener en sus estaciones esa muestra, por considerar que estropeaba la imagen de una compañía que, según Suckale, ha "estudiado e investigado" suficientemente su pasado, como demuestra el material exhibido en su Museo en Nuremberg.

Fue necesaria la intervención del ministro de Transportes, el socialdemócrata Wolfgang Tiefensee, para forzar un cambio de opinión. La Deutsche Bahn (DB) es, al fin y al cabo, aún propiedad del Estado, y sus estaciones son un espacio público.

"Hay quien se pregunta si no hay ya demasiadas exposiciones, archivos y monumentos, si no se ha explorado demasiado en el pasado. La respuesta es no: la confrontación con el pasado es necesaria para construir el futuro", dijo Tiefensee en la inauguración.

Suckale es para el alemán medio el "rostro de la patronal" de la DB, ya que a ella correspondió dar la cara en las largas negociaciones salariales con los maquinistas alemanes.

Tras meses de conflicto y pérdidas multimillonarias, la DB pactó hace unas semanas a regañadientes un acuerdo con su plantilla. Hoy, Suckale es también el rostro de una compañía que ha tenido que plegarse a algo que no le convenía.

El matrimonio Klarsfeld logró su objetivo y se presentó en Berlín acompañado por un grupo de franceses, supervivientes de las deportaciones. Asimismo estaba ahí Hans Rosenthal, otro de los que sobrevivieron, oculto en un sótano, mientras que su hermano Gerd murió tras ser deportado a Letonia.

"Trenes especiales a la muerte" estará en Berlín hasta finales de febrero. No ha quedado instalada en su nueva y flamante estación central, en el Tiergarten, pero si en la Potsdamerplatz, corazón del "nuevo Berlín", la zona comercial y turística de la capital alemana.

Por ahí desfilarán en las próximas semanas invitados nacionales e internacionales de la Berlinale, con el debido despliegue mediático, y ahí se detendrán probablemente los ojos de muchos visitantes, en alguna pausa del ajetreo del festival que se celebra del 7 al 17 de febrero.

Tras Berlín, su primera estación, se trasladará a otras ocho estaciones de ciudades repartidas por todo el país.

sábado, 19 de janeiro de 2008

Retratos de um devorador de imagens


L'Origine du monde Le Desepere La Femme ?a vague La Grotte sarrazine La Truite



O Grand Palais abriga mostra do pintor Courbet, um transgressor que desconcertou crítica e público

Luiz Carlos Merten - O Estado de São Paulo

Só falta convencer Tim Burton. Ele teria um grande personagem e o ator perfeito para fazer o papel - Johnny Depp -, mas Burton talvez achasse que, sob certos aspectos, já fez este filme, em Ed Wood. A diferença é que o chamado 'pior cineasta do mundo' chegava a ser cândido na sua crença naquilo que fazia e Gustave Courbet - pois seria ele o grande personagem - foi um dos maiores pintores da França e do mundo. É o que prova uma grande exposição, aberta até o dia 28, consagrada a ele pelo Museu do Grand Palais, em Paris.

Vale a pena enfrentar as filas que, diariamente - com exceção das terças-feiras -, se formam na porta do Grand Palais para ter acesso a essa retrospectiva. Os próprios franceses estão em êxtase, redescobrindo um pintor genial que sempre desconcertou a crítica e o público por sua obsessão em seguir uma via própria. Courbet foi um grande realista contemporâneo dos impressionistas. Sua Origem do Mundo provocou escândalo em 1866 e, até hoje, mais de 140 anos depois, ainda provoca risinhos nervosos diante da tela que o Museu D'Orsay emprestou ao Grand Palais para integrar essa mostra única.

A Origem do Mundo mostra o detalhe de uma mulher nua, de pernas abertas. Nada além da crua exposição de sua vagina. Courbet teria sido influenciado pelas fotografias pornográficas que, na época, circulavam entre a mundanidade parisiense. Ao redor da tela estão numerosas daquelas fotos. Nenhuma é mais realista e verdadeira do que a pintura de Courbet, na qual a carnalidade da modelo - suas grossas coxas e os pêlos pubianos - parecem saltar da tela, como se de repente aquela mulher ali imobilizada pudesse adquirir movimento. A Origem do Mundo, pelos motivos que você pode imaginar, atrai a atenção de muitos visitantes da exposição do Grand Palais, mas o maior número concentra-se diante de uma tela maior que representa o artista em seu ateliê.

O Ateliê do Pintor, Alegoria Realista Representando Sete Anos da Minha Vida Artística é de 1855, mais de uma década antes de A Origem do Mundo. São vários quadros dentro de um só, com a figura do pintor ocupando o centro. Ele pinta uma paisagem, sob os olhares de admiração de uma criança e de uma mulher nua. Ao redor, diferentes grupos de personagens e detalhes de quadros ampliam e potencializam o motivo principal. A admiração que O Ateliê do Pintor provoca, inclusive - ou principalmente - pela mestria na disposição do óleo sobre a tela e pela complexidade no tratamento da cor, pode ser comparada à de outro ateliê famoso, aquele que Velázquez revelou em outra obra célebre, As Meninas.

COURBET Gustave - L’Atelier
Huile sur toile, 361x598, 1855, musée d’Orsay, Paris

Logo na abertura da exposição, uma frase do próprio Courbet prepara o público para o que ele vai ver. O pintor diz que, contra tudo e todos, quer permanecer sempre à margem, percorrendo uma via única - a sua. A exposição, a partir daí, divide-se em fases, começando pela (auto)invenção de Courbet - pelos seus auto-retratos. Entre 1842 e 55, Courbet pintou cerca de 20 auto-retratos, dos quais o mais conhecido é o que fornece a imagem dos cartazes da exposição. Retrato do Artista, dito O Desesperado, sugere para o espectador do século 21 como se estivesse diante de uma tela premonitória de Johnny Depp. Quando Courbet pintou seus auto-retratos, os críticos viam nos quadros signos de um narcisismo que definiam como 'instabilidade estilística imatura'. Hoje em dia, a interpretação é outra.

Courbet, homem de cultura, partiu da meditação sobre os grandes mestres antigos - que estudava e copiava no Louvre - para a assimilação de um romantismo que já agonizava quando ele começou sua grande arte. Os auto-retratos mostram Courbet como um devorador de imagens e cada quadro em que ele se representa vem carregado de informações sociais. Ora ele é O Desesperado ou O Homem Ferido (L'Homme Blessé) ou então é flagrado junto ao seu cão negro. Todos esses auto-retratos compõem uma gigantesca busca autobiográfica que vai irrigar os primeiros anos de Courbet, dar-lhe confiança e estabelecer os fundamentos de sua arte realista.

Realista ele o será, sempre, mesmo que seu realismo muitas vezes seja definido por ele próprio como 'alegoria'. À margem da grande exposição universal de Paris, nos anos 1850, Courbet realiza o que era raro - uma mostra na qual o público tinha de pagar para ver os quadros que ele apresentava no contexto de um manifesto que chamou de Le Réalisme (O Realismo). Esse realismo triunfante se manifesta nas sucessivas mostras que vão compondo a exposição - da intimidade à grande história; Courbet retratista e paisagista; a tentação moderna; o nu, a tradição transgredida; e as imagens bucólicas de caça. A tentação moderna se manifesta num tratamento da cor como volume que lembra certos quadros de Cézanne. Suas naturezas-mortas são as mais vivas já pintadas, frutas e peixes parecem saltar das telas. Um quadro representando dois cães - os labradores do Conde de Moiseul - é, ao mesmo tempo, o limite da representação realista do retrato na pintura e a sua subversão, pelos próprios modelos em cena.

Quando pinta o nu, Courbet foge ao modelo das belas mulheres proporcionadas. Ele pinta uma mulher gorda e nua - de costas -, imagem que poderia ser grotesca se a tensão do corpo não provocasse devaneios eróticos no espectador. Essa fase do nu transgressivo atinge seu ápice n' A Origem do Mundo. As cenas de caça, iniciadas em 1857, compõem a parte mais estranha e original de sua obra. Courbet era, ele próprio, caçador, mas seria puramente anedótico explicar dessa forma sua atração pelo tema que não era freqüente na pintura francesa. Seus cervos caçados, feridos ou que se batem entre si são imagens impressionantes (e metafóricas) da vida selvagem. Courbet envia alguns desses quadros às grandes exposições de Paris. São eles, mais do que quaisquer outros, que revelam seu desejo de reconhecimento. Uma briga de cervos, no contexto da grande floresta, dificilmente terá deixado de ser referência para os desenhistas da Disney, quando fizeram Bambi, uma animação clássica de 1942.

Autor de manifestos, o pintor foi um homem que viveu os grandes combates de seu tempo. Ele se integrou à Comuna de Paris. Fazendo parte do novo conselho republicano - como representante dos artistas -, ele comandou a destruição da coluna que Napoleão erigira para si mesmo. Isso terminou sendo motivo de repetidas perseguições, quando da restauração do império. Courbet foi preso e intimado a pagar pelo prejuízo. Seus bens foram arrestados e o tribunal fixou a data de 1º de janeiro de 1878 para que Courbet depositasse o dinheiro relativo à restauração do monumento. Metaforicamente, pode-se dizer que ele, republicano e realista, radicalizou o não ao velho (mesmo que de novo vitorioso) regime, como à arte acadêmica. Courbet morreu em 31 de dezembro de 1877, aos 57 anos (nasceu em 1819). A grande exposição do Grand Palais o restabelece, em definitivo, entre os grandes da pintura, de todos os tempos.

Ver também aqui no blog:

A siesta de Gustave Coubert

Gustave Courbet, un peintre radical

Uma pintura: Gustave Courbet

quarta-feira, 16 de janeiro de 2008

La irresistible atracción de un corazón de plástico


joana-vasconcelos.jpg

Entre las galerías de arte de Le Marais, el barrio más movido de París, me planté de pura casualidad ante una vidriera detrás de la cual un corazón gigante -rojo, hecho de pequeñas piezas de plástico entretejidas- giraba suavemente.

Me dejé llevar por la imagen hipnótica y entré.

Sin ningún tipo de protocolo -léase invitación- me encontré en la inauguración de la primera muestra de Joana Vasconcelos -Où le noir est colour- en París.

Y eso es mucho decir porque esta artista está dando que hablar entre los nuevos fichajes del arte contemporáneo.

Música de fado mezclada con formas sensuales delineadas en cada obra que esculpe.

Su obra se centra en el status de lo femenino, en remarcar las diferencias sociales y en señalar la identidad nacional con la sutileza de quienes desbordan talento.

Veamos quién es esta chica.

Si bien Vasconcelos nació en París en 1971, vive y trabaja en Lisboa de donde es oriunda toda su familia que debió exiliarse durante la dictadura de Salazar en Portugal.

Joana%2BVasconcelos%2C%2BA%2BIlha%2Bdos%2BAmores%2B%282006%29.jpg

16011_1.jpg

Joana trafica lo popular (lo artesano) y lo conceptual, se apropia de procedimientos del diseño industrial y de su propio "objetualismo" poético. Parece querer combinar lo íntimo con lo evidentmente expuesto.

Vasconcelos.jpg

Vasconcelos marca un estilo que amaga con sacudirnos con sus dimensiones, con sus manequíes tan humanos como perversamente sacralizados, quizá tratando de involucrar a quien mira en construcciones críticas de dimensiones imprevistas, imprevistas y gigantes en todos los sentidos.

Dorothy.jpg

No despliega nuevas intenciones, pero su modo de mirar la sociedad de consumo y ejercer su crítica, no juega con el humor o la protesta -ya procedimientos muy manoseados- la delicadeza de la poesía que traducen su obra se perfila como su marca registrada.

Hasta el 1 de marzo en la Galeria Nathalie Obadia.

Podés ver más obras aquí.

sábado, 5 de janeiro de 2008

Para comerte mejor

Rodolfo II

Personajes con cara de hortalizas y ojos de pescado, pintados en el siglo XVI por el italiano Giuseppe Arcimboldo, llevaron un poco de frescura a los altivos parisinos

El acontecimiento cultural más divertido de la temporada en París parece ser la exposición Giuseppe Arcimboldo en el Museo de Luxemburgo. Por toda la ciudad, los quioscos promueven al artificioso pintor italiano del siglo XVI desplegando coloridos pósters de rostros mofletudos, formados por mazorcas, pepinos, ajos y cerezas.


Tenía mis dudas, pero resultó ser una muestra encantadora por su concisión admirable, casi elegante y no demasiado superficial. Un público alegre y cortés se agrupa frente a esos retratos soberbios de personajes con cara de hortalizas y ojos de pescados. Se diría que, en Arcimboldo, reconoce una pizca de ese impulso francés por poner las cosas en orden.


Arcimboldo quiso expresar la inestabilidad de la vida, su mutabilidad en un mundo en expansión. Se propuso inspirar una sensación renovadora de asombro, de posibilidad, a veces no del todo reconfortante. Las conquistas comerciales de las potencias europeas del siglo XVI revelaron nuevos continentes. Entre sus frutos exóticos, el choclo podía ser el cómico remedo de una oreja humana, pero también el símbolo político de la dominación europea sobre lugares, economías y pueblos remotos. Y sobre la naturaleza misma.


Ahora bien, me animaría a decir que la mayoría de los visitantes -al parecer, buena parte de ellos son niños- no se detiene a analizar los significados metafóricos. A diario, forman una larga cola que sale de la puerta principal del museo y serpentea por los Jardines de Luxemburgo. Allí, los padres arrancan a sus hijos renuentes de la vieja calesita para llevarlos a la muestra.



"El señor Cara de Fruta", como lo llama desdeñosamente un amigo mío, siempre ha tenido éxito entre las multitudes. Pero su arte es más serio y presuntuoso. Arcimboldo debe de haber sido uno de esos hombres cultos que, al principio de una cena, son jocosos, pero cuya arrogancia ya ha aflorado cuando sirven la ensalada. ...l no tiene la culpa de haber inspirado a miles de espantosos surrealistas del siglo XX, aparentemente consternados ante la idea genial de sustituir una nariz por un pepino o una mejilla por una rosa.


JARDINERO. Hecho con verduras


Arcimboldo nació en Milán en 1536; su padre era un artista local. Al principio, pintó retratos convencionales, oscuros, cuya fragilidad no empañaba la destreza del autor. Rindió culto a Leonardo da Vinci a través de Bernardino Luini -que habría sido un amigo de su familia- y de otros intermediarios. Los encargos de vitrales y tapices dieron ciertas alas a su imaginación peculiar y, con el tiempo, le valieron un empleo en Viena, en la corte de Maximiliano II, y luego en la de su hijo, el refinado Rodolfo II.

Allí elaboró, por fin, sus célebres rostros, que lograron satisfacer cierto gusto por el exotismo. Por entonces reinaba una viva curiosidad humanística. Entre los eruditos y los artistas circulaban textos antiguos, como la Historia Natural de Plinio el Viejo, redescubiertos recientemente. Unas acuarelas suyas de peces y otros animales, que le sirvieron de modelos precisos para partes de rostros, demuestran su firme apoyo en la ciencia y la observación directa. La exploración del mundo y el progreso de la óptica, la ingeniería y otros campos despertaron en Rodolfo, así como en otros mecenas ilustrados, el deseo de poseer los artefactos y las obras de arte más raros, exquisitos e inexplicables.

No pocas obras de escultores y decoradores respondieron también al interés obsesivo por lo maravilloso. Cocos, caracolas, huevos de avestruz y fragmentos de coral recogidos en los rincones más distantes del planeta se transformaron en copas, tazones y empuñaduras de espadas, versiones tridimensionales de los rostros que pintaba Arcimboldo. Nos hablan del enraizamiento del arte en el misticismo y la magia. Después de todo, el pintor es un prestidigitador que convierte unos polvos coloreados en una ilusión. Arcimboldo siguió ese camino. Bosch y los miniaturistas persas le sirvieron de guías.

Retratos reversibles

Todo artista tiene su especialidad. Para Arcimboldo, este desliz de la mente, tan común, devino en una virtual industria privada. El busto de un bibliotecario barbudo, con varios libros por rostro y señaladores por dedos, manifiesta un virtuosismo tan ingenioso como el de sus "retratos reversibles": en la posición correcta, son naturalezas muertas; invertidos, son retratos.

Hay otros cuadros más interesantes. Un anciano esquelético en tres cuartos de perfil, con ramas en vez de barba, de una perversidad memorable porque en su senectud mantiene, en cierto modo, una dignidad casi cortesana. Un jurista alemán, el humanista Johann Ulrich Zasius, tiene por cabeza un pollo desplumado; por boca, la de un pez, y su cola por mentón. Es un cuadro pavoroso que casi nos recuerda el retrato del papa Inocencio X, de Velázquez. Perturba nuestra mente, cual recuerdo borroso de una pesadilla.

El mismo efecto producen cuatro retratos pequeños, rígidos y simples de la familia de Pedro González, cuyos miembros se caracterizaban por tener el rostro cubierto de pelo, igual que el Hombre Lobo. Un hecho tan casual como la aparición del rostro de la Virgen María en un sándwich tostado.

El universo fabrica tales maravillas. El hombre las imita por medio del arte y la industria, con la esperanza de superarlas. Arcimboldo quiso lograr, cuando menos, eso. Su ambición, tan franca e intelectual, confiere a travesuras, a menudo grotescas, su elegante altivez. Pensándolo bien, no es de extrañar que los franceses lo amen.

ARCIMBOLDO El genial pintor nació en Milán, en 1536. Rindió culto a Leonardo da Vinci. Sus vitrales y tapices le valieron un empleo en Viena, en la corte de Maximiliano II, y luego en la de su hijo, Rodolfo II. Allí elaboró sus célebres rostros, en los que sustituyó una nariz por un pepino o una mejilla por una rosa.


FICHA : Arcimboldo en el Museo de Luxemburgo, París. Hasta el 13 de enero.


Por Michael Kimmelman
De The New York Times


The New York Times y LA NACION
[Traducción Zoraida J. Valcárcel]

quinta-feira, 20 de dezembro de 2007

La pesadilla "americana"

GI_Crewdson_suelo2g.jpg

Digo "americana" por norteamericana. Me atrevo con esa licencia de apropiación de adjetivo para jugar con la sombra de la frase "el sueño americano". Lo digo de entrada, para sentar mi posición y recién ahora me voy a poner a escribir de lo que en realidad quería en este post. De la obra del fotógrafo Gregory Crewdson (Brooklyn, 1962) que desde esta semana expone la mayor retrospectiva de su obra en el Palazzo delle Esposizioni de Roma.

GI_Crewdson_ba%F1og.jpg

GI_Crewdson_camag.jpg

Cuenta en la entrevista que podés leer entera en el link conectado a su nombre, que de chiquito escuchaba tras las paredes los relatos de los pacientes de su padre psicoanalista.

GI_Crewdson_suelog.jpg

GI_Crewdson_Maripog.jpg

En esos relatos parece haberse instalado el germen de su obra que narra la otra cara del manoseado sueño americano, no el de los que quieren cruzar la frontera y vivir ese sueño, sino de los que nacieron en el territorio y lo compraron o ni siquiera se lo cuestionaron y viven para conseguirlo.

GI_Crewdson_matrimog.jpg

Hogares expuestos a través de escenarios muy elaborados, escenas surrealistas, colores extremos, una humanidad en el borde, fotografías que cuentan historias, son algunas de las características de la obra de este artista no muy difundido por estos lares pero que merece un tiempo, al menos, de nuestra mirada.

Dice de su obra: " Edward Hopper ha sido sin duda una gran influencia. Hay muchos otros: Diane Arbus, William Eggleston, Alfred Hitchcock, David Lynch. Existe también una generación de jóvenes cineastas que siguen esta tradición, como Paul Thomas Anderson o Todd Solondz, por nombrar algún ejemplo".

Y después de detenerme un rato en ella, veo los ingredientes de ese cóctel pero sabe distinto. No sé si rico, pero lo bebo.

quarta-feira, 12 de dezembro de 2007

Vanitas vanitatum



El otro desnudo de Mapplethorpe

Una muestra aleja del estereotipo marginal la obra del fotógrafo neoyorquino

ISABEL LAFONT - Madrid - El País

Vanitas vanitatum omnia vanitas (vanidad de vanidades, todo es vanidad). Puede parecer no demasiado obvio asociar el tópico artístico sobre la inutilidad de los placeres humanos frente a la inevitable muerte con Robert Mapplethorpe (Nueva York, 1946-Boston, 1989), el fotógrafo maldito convertido en símbolo de la revolución homosexual de los setenta y ochenta neoyorquinos.

Sus muy explícitos desnudos femeninos y, sobre todo, masculinos, el uso de imaginería sadomasoquista -que Mapplethorpe defendía y practicaba-, lo encasillaron desde el principio para el gran público bajo la etiqueta de artista marginal y subversivo. Pero también impidieron una apreciación más matizada de su obra. Por eso, el galerista Pepe Cobo, representante de la obra de Mapplethorpe en España, inaugura el próximo jueves en Madrid -se podrá ver hasta finales de enero- una exposición de 36 obras cedidas por la fundación que gestiona el patrimonio del artista, que pretenden ofrecer una "percepción más rica y compleja de su trabajo", dice Cobo, que ha seleccionado las imágenes.

Bajo el título Vanitas, en la galería se exhiben desnudos femeninos, como los de Lisa Lyon, y miembros viriles en primer plano. Pero también hay, intercalados entre ellos, bodegones -una hogaza de pan, una berenjena, un racimo de uvas, un pescado sobre un papel de periódico-, flores, esculturas -Acteón, Espartaco, un sátiro- y objetos de cristal. "El mundo de Mapplethorpe es muy amplio y lo que me interesaba era hacer otro planteamiento alejado del estereotipo del desnudo, mostrar otras miradas, dentro de su imaginería sexual, pero más reflejada en objetos", aclara Cobo. El galerista revisó los fondos de la Fundación Mapplethorpe hasta que encontró el trozo de pan, la berenjena -"son como vanidades, lo perecedero, un objeto que se pierde"- y también las fotografías de estatuas que Mapplethorpe tomó durante un viaje a Nápoles en 1983. "Enseguida lo relacioné con nuestra cultura barroca", señala Cobo.

Las fotos de la muestra fueron realizadas en la década de los ochenta, pero permiten apreciar cómo, independientemente del objeto, el artista persiguió, desde sus inicios hasta su muerte, una estética formal depurada. "En ella descuellan unas composiciones armónicas y equilibradas, un ideal simétrico basado en la simplicidad de formas y en el juego sutil entre luz y sombra, en donde se privilegia la frontalidad que también transmite cierta intemporalidad", afirma el crítico de arte Juan Vicente Aliaga en el catálogo de la muestra. "Llevo en la cabeza la simetría. Ha arraigado en mí. Creo que me viene de la Iglesia católica: he tenido una educación católica", reconocía el propio artista en una información publicada en el Time Out de Londres el 3 de noviembre de 1983.

Ello no quiere decir, sin embargo, que deba asumirse que Mapplethorpe fotografió de la misma manera una hogaza de pan, un pescado o una estatua, que compuso una imagen con un pene. "Esta lectura se me antoja una falacia", advierte Aliaga, que recuerda que no debe aislarse la obra de Mapplethorpe de su contexto sociopolítico, marcado por la convivencia de la revolución conservadora de la era Reagan y la ola homofóbica que acompañó la irrupción de los primeros casos de sida a principios de los ochenta con la pujanza del movimiento a favor de los derechos de los homosexuales. "Sea como fuere", concluye Aliaga, "el tratamiento formal de que dota Mapplethorpe a sus modelos tanto masculinos como femeninos (sobre todo con Lisa Lyon), al margen de la actividad que desempeñan (besarse, abrazarse, mirar, practicar sexo...), se sustenta en una fascinación por el equilibrio visual, de impronta clásica".

Formado en el prestigioso Pratt Institute de Brooklyn, donde estudió pintura y escultura, la fotografía en sí no fue un interés prioritario de Mapplethorpe. Pero en 1972, John McKendry, responsable de la división de fotografía del Metropolitan Museum of Art, le regaló una Polaroid y empezó a trabajar en temas clásicos, como flores, retratos y desnudos, en los que se ejercitó con gran rigor compositivo. Poco después adquirió una cámara de gran formato y, más tarde, el comisario y coleccionista Sam Wagstaff, amante y mecenas de Mapplethorpe, le regaló una Hasselblad que se convirtió en su primera herramienta de trabajo. Sus primeros experimentos tuvieron como protagonista a su amiga, la cantante Patti Smith, a él mismo y, progresivamente, a un círculo cada vez más amplio de amigos y conocidos del entorno artístico neoyorquino.

Cierra la exposición el último autorretrato que realizó, en 1988, un año antes de morir de sida. En él, un prematuramente envejecido Mapplethorpe sostiene, como un rey anciano que espera el final, un bastón con una calavera en la empuñadura. Vanitas vanitatum.

quarta-feira, 28 de novembro de 2007

Vaidade

Gloria Swanson, por Edward Steichen
(© Condé Nast Publications Inc., cortesia George Eastman House)

Kathleen Gomes antecipou no P2 de ontem a exposição Vanity Fair Portraits que inaugura em Fevereiro do próximo ano, na National Portrait Gallery de Londres. A revista americana foi suporte de alguns dos mais icónicos retratos da história da fotografia e decidiu agora dar a ver as imagens que fazem parte dessa herança visual. Entre os fotógrafos representados há dois nomes que ressaltam: Edward Steichen e Annie Leibovitz.

Para ler o artigo do P2 clique aqui.

Hillary Swank, por Norman Jean Roy, 2005
(© Norman Jean Roy)

Vanity Fair Portraits: Photographs 1913-2008
National Portrait Gallery, Londres (de 14 de Fevereiro a 26 de Maio)
Scottish National Portrait Gallery Edimburgo, (de 14 de Junho a 21 de Setembro)

Etiquetas:

posted by Sérgio B. Gomes

segunda-feira, 12 de novembro de 2007

Ministra do Turismo inaugura estande do Brasil na WTM

Ministra do Turismo inaugura estande do Brasil na WTM

Londres (12/11) - A ministra do Turismo, Marta Suplicy, e a presidente da Embratur, Jeanine Pires, abriram hoje, em Londres, a participação brasileira no World Travel Market 2007 (WTM), um dos principais eventos mundiais da área de turismo. A recente decisão da Fifa de realizar a Copa do Mundo de 2014 no Brasil é um dos assuntos que mais tem chamado a atenção da mídia inglesa.

“Especialistas dizem que a Copa do Mundo tem potencial de atrair mais turistas do que uma Olimpíada”, afirmou a ministra, em entrevista à imprensa inglesa. Durante as entrevistas, o Brasil esteve representado também pelo ex-jogador Carlos Alberto Torres, capitão da seleção brasileira na Copa de 1970.

O estande do Brasil no WTM tem 713m2 e destaca, em grandes painéis, algumas das principais atrações turísticas do País, como Rio de Janeiro (RJ), Ouro Preto (MG), São Paulo (SP) e Porto de Galinhas (PE). Participam do estande 68 parceiros, incluindo representantes de destinos turísticos (estados e municípios), empresas aéreas, hotéis e operadores de turismo, entre outros setores.

“A Inglaterra é o 11º país emissor de turistas para o Brasil, com cerca de 170 mil visitantes em 2006”, revela Jeanine Pires, da Embratur. “Mas estamos seguros de que há muito potencial para crescermos neste mercado, e o WTM é uma excelente oportunidade para promover o Brasil.”

A meta do Brasil é fechar o ano com um total de 5,5 milhões de visitantes estrangeiros, o que representa um crescimento de quase 10% sobre 2006. Em relacão à entrada de divisas, a previsão é de um total de US$ 5,1 bilhões, com um incremento de 18,6% sobre o ano anterior.

quinta-feira, 8 de novembro de 2007

Los demonios de Camille Claudel



Una muestra reconstruye en Madrid la atormentada vida de la escultora francesa

ÁNGELES GARCÍA - Madrid - El País

Pasó los 30 últimos años de su vida en el manicomio de Montdevergues. Allí murió sola. Abandonada por todo el mundo, incluida su familia. Camille Claudel (1864-1943) cargaba a sus espaldas 79 años de una vida tan dramática como fascinante. Y aún tendría que transcurrir mucho tiempo para que se reconociera su talento como escultora. Sobre todo, para que su personalidad artística volara por encima de su relación con Auguste Rodin. Su maestro. Su amante. Un genio déspota y ventajista, de la que Claudel fue víctima. Como lo fue de su familia ingrata y de la sociedad misógina y envidiosa de la época.

Así era la artista.

Una exposición en la Fundación Mapfre de Madrid, con cerca de un centenar de obras, una de las mayores organizadas hasta la fecha sobre la artista, arroja luz acerca de la obra y la tortuosa personalidad de Claudel. De un paseo por sus salas se extraen muchas conclusiones sobre su obra y sobre su persona. En el imaginario colectivo, ella conserva las trazas sensuales de la actriz francesa Isabelle Adjani, quien la resucitó para el cine en La pasión de Clamille Claudel (1988), de Bruno Nuytten, con Gerard Depardieu como Rodin. Las fotografías descubren una mujer de deslumbrantes ojos verdes con aura dorada y una infinita tristeza.

Hija de una familia pequeñoburguesa, desde muy joven mostró gran facilidad para crear formas con sus manos. Trabajar y moldear todo tipo de materiales. Pero el talento natural no fue suficiente y buscó la maestría de la técnica en un taller.

Pese a que la familia se opuso al sueño de la hija de convertirse en artista, su hermano menor, Paul, escritor y único amigo, consiguió que sus padres autorizasen la entrada de su hermana en un taller. Y que fuera nada menos que en el de Auguste Rodin.

En aquella época, Camille Claudel rondaba los 20 años y se encontraba en la plenitud de su belleza y de la fuerza creativa. Rodin y su alumna se hicieron amantes inmediatamente. Y los tormentos amorosos no tardaron en llegar. No es sólo que él fuese un hombre casado y promiscuo, sino que incluso tenía una "amante estable", Rose Beuret, que se convertiría en gran enemiga y pesadilla recurrente en la vida de Camille. La relación duró casi diez años. Y los ataques de celos y peleas fueron públicos y constantes.

Ella aprendió rápidamente y Rodin le permitió participar en muchas de sus grandes esculturas. Aunque, temeroso de su personalidad y talento arrasadores, intentaba rebajar su protagonismo en el estudio. Camille dejó escrita en su correspondencia de la época que él se aprovechaba de ella, que las obras que presentaba como propias eran producto de su talento menospreciado.

También hubo lugar para otros reproches. Por ejemplo, las vejaciones y humillaciones a las que le sometió Rodin, que solía exhibirse con otras mujeres delante de ella. Entre esta correspondencia hay una carta de Rodin, incluida en la exposición, en la que él deja por escrito la promesa, mil veces rota, de que ella sería la única mujer en su vida.

Obsesionada por el amor, Camille fue convencida por Rodin de abortar cuando quedó embarazada. De nuevo, le prometió que iba a abandonar a Rose Beuret. Todo fue mentira de nuevo y Camille, profundamente humillada, abandonó a Rodin. La artista, entonces, se encerró en su propio estudio y esculpió incansable cabezas de niños. La mayor parte de éstas fueron destrozadas inmediatamente. Los vecinos de su taller la oían aullar todo el día. Camille perdió su bellleza y su única relación fueron las decenas de gatos que vagabundeaban por el estudio.

Una tarde, tres enfermeros echaron la puerta abajo y le colocaron una camisa de fuerza. Por orden de su familia, fue ingresada en un sanatorio psiquiátrico próximo a París. Nunca más volvió a esculpir nada. Se le diagnosticó "una sistemática manía persecutoria acompañada de delirios de grandeza". Al final de su vida recuperó la cordura. Nadie la reclamó.

Superviviente de su leyenda

No fue el primero ni será el último caso de una leyenda que oscurece la obra de una artista. Si Frida Kahlo, por ejemplo, fue víctima del espectáculo de su vida junto a Diego Rivera, la existencia de la escultora francesa Camille Claudel se asemejó tanto a un culebrón, que durante muchos años el reconocimento de su obra no estuvo a la altura de de sus logros.

La exposición que a partir de hoy se puede ver en Madrid, ofrece un centenar de esculturas, prácticamente toda la obra de la artista, además de un poco de justicia poética, pues consigue demostrar que Camille Claudel brilló por sí misma, fuera de la alargada sombra de Auguste Rodin.

Comisariada por Aline Magnien, jefa de colecciones del Museo Rodin, y María López Fernández, de la Fundación Mapfre, la exposición se complementa con fotografías, documentos, una selección de las apasionadas cartas que se intercambiaron Claudel y Rodin. Con todo, las dos especialistas han querido que el peso artístico de la artista no se viera eclipsado por sus circunstancias personales. Casi toda la obra que se expone viene del Museo Rodin de París, de colecciones particulares y de los diferentes herederos de ambos artistas. Es una de las muestras más grandes que se le han dedicado. De Madrid viajará al Museo Rodin, en París.

Organizada en orden cronológico, la exposición arranca con una colección de bustos familiares realizados en su primera juventud: padres, abuelos o hermanos eran entonces sus modelos. Después se muestra un grupo de obras realizado en colaboración con Rodin, su maestro, hasta llegar a la espectacular Sakuntala, de la que hay siete versiones. El recorrido sigue con los estudios del natural que realiza en obras como Clotho, Les causeuses o La vague.

Pero la gran estrella es el grupo escultórico que representa su ruptura con Rodin, L?âge mûr (La edad madura), iniciada hacia el final de su relación. En la pieza se muestra a Rodin desnudo, retenido por Camille -arrodillada, también desnuda y suplicante- y arrastrado por una vieja. La costurera y amante del artista, Rose Beuret.

La rabia se va con arte


Fernando Botero afirmó que realizó las 79 obras sobre la tortura en Abu Ghraib para "sacarse la rabia"


ADNCultura


WASHINGTON (EFE).- El gigante de las artes plásticas colombiano, Fernando Botero, afirmó hoy en Washington que realizó las 79 obras sobre la tortura a prisioneros en Abu Ghraib para "sacarse la rabia" ante una conducta "inaceptable" del Gobierno de Estados Unidos.


Botero, de 78 años, se encuentra en Washington para la apertura en el Museo de Arte de American University mañana de su exposición sobre las atrocidades cometidas en la cárcel iraquí de Abu Ghraib que, aseguró, le causaron mucha "rabia".


Durante una rueda de prensa, Botero explicó que realizó esas obras en 2005 "para que el público las mire" -en especial el público con conciencia política-, pero enfatizó que prefiere no meterse en temas políticos porque, a su juicio, el artista "debe mantenerse fiel a las ideas de estética".


"Tienes que ser fiel a la pintura antes que a cualquier otra cosa", aseguró Botero.

El artista colombiano insistió en reiteradas ocasiones en que su muestra es apolítica y que sólo buscaba "sacarse la rabia" tras leer sobre las torturas cometidas en Abu Ghraib a manos de soldados estadounidenses.


"Sólo fui un artista tratando de plasmar mis sentimientos en un canvas... no fui un profeta sino un artista que buscaba liberar esa rabia", continuó.

Una vez completada la obra, "la rabia como que desapareció porque ya había dicho lo que tenía que decir", aseguró.

En su conjunto, las obras muestran la perspectiva de las víctimas, muchas de ellas desnudas, maniatadas, encapuchadas, apiladas en una pirámide humana, colgadas de un pie, o aterradas ante la presencia de un perro colmilludo y rabioso.

Uno de los cuadros muestra a un hombre vendado y luciendo un sostén y calzón rojos, contra su voluntad. El torturador está ausente de la mayoría de las obras, salvo en cuadros como el tríptico "Abu Ghraib 43".


Presionado por los periodistas sobre el arte como instrumento político -dado que Botero ha dicho en el pasado que el arte puede ser un acto de denuncia-, el artista dijo que "todo esto se corregirá en 12, 14 meses".

Así, Botero hizo alusión a las elecciones presidenciales en Estados Unidos en noviembre de 2008, en las que el presidente republicano George W. Bush no podrá reelegirse.

No es la primera vez que el artista va más allá de "hacer arte lo mejor que uno puede".

Botero recordó que "no es la primera vez que me preocupa algo y lo debo expresar", pues ya hizo un centenar de obras denunciando los abusos de derechos humanos de la guerrilla colombiana, en el marco del conflicto armado más prolongado de América Latina.

Esas obras están albergadas en el Museo Nacional de Bogotá.


Preguntado sobre si Estados Unidos debe cerrar las cárceles clandestinas o el centro de detenciones en Guantánamo, Botero contestó: "no quiero meterme en cosas que no tengo ni la preparación ni la autoridad, porque no tengo el conocimiento de todos los hechos que hay atrás".

Para Botero, la función del artista es sólo "hacer arte" y hay una gran dife
rencia entre "la política activa y real que es la que mueve las cosas (...) y la opinión política personal".

"Meterme a proponer soluciones o sugerir castigos no es mi oficio, es decir, ni me interesa ni tengo conocimiento de todos los datos que se necesitan para dar un juicio de las cosas (...) solo expreso mi rabia frente a algo que es evidente", puntualizó.


La polémica no ha estado ajena a su obra. Botero señaló que, aunque en EE.UU. hay libertad de expresión, la galería Marlboroneoyorquina donde se presentó su muestra "recibió muchas llamadas de repulsa, de odio".


Según observadores, esta muestra de Botero, en manos de un artista de menor nivel, habría suscitado acusaciones de traición por parte del Gobierno de Washington, en el marco de la lucha global contra el terrorismo tras los atentados de 2001.


La muestra de Botero es una de tres exposiciones que conforman el llamado "Arte de Confrontación", en el que el Museo de Arte de American University recoge obras de protesta social y política dentro y fuera de Estados Unidos.

La exposición, ya realizada en Nueva York y la Universidad de California en Berkeley, viene a Washington directamente de Milán, permanecerá en la capital de EE.UU. hasta el 31 de diciembre y continuará su gira en Monterrey, México.