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terça-feira, 29 de janeiro de 2008

"Presidenta"


É bom se acostumar, sim!

Cristina Kirchner tem razão em exigir o uso do termo presidenta e não é brincadeira, nem autoritarismo, nem chilique. É parte do longo processo no qual as mulheres pioneiras abriram o caminho para reduzir a desigualdade de gênero.

Não é uma questão só de gramática, a linguagem evolui e se enriquece com a própria evolução da sociedade, mas os adversários desta evolução no sentido da igualdade entre os dois componentes do gênero humano se camuflam também na ironia ou na lingüística.

Trata-se de introduzir a feminilidade na política, pondo as mulheres em pé de igualdade com os homens, numa esfera em que a dominação do gênero é notória e até introjetada como "natural" por uma parte do eleitorado, incluso feminino.

Cristina exige termo 'presidenta'

O Estado de São Paulo

Ela rejeita documentos com outra grafia

“Presidenta! Comecem a se acostumar. Presidentaaa...e não presidente!” Era desta forma, esticando a letra “a” para destacar a feminilidade da palavra, que a então candidata presidencial argentina Cristina Kirchner deixava claro, em seus comícios de campanha, que faria questão de ser chamada de “presidenta” se vencesse as eleições presidenciais.

Na época, políticos e funcionários públicos consideraram que as declarações da então primeira-dama não passavam de uma brincadeira. No entanto, desde que assumiu o governo em dezembro, a decisão de Cristina fez com que a Casa Rosada - sede da presidência argentina - rejeitasse no último mês mais de 300 documentos que a chamavam de “presidente”.

No final de 2008, a Argentina completará 25 anos da volta à democracia e, pela primeira vez em sua História, é governada por uma mulher eleita nas urnas. Embora o país esteja longe de estar em uma situação de igualdade dos sexos, a presença de mulheres na estrutura do poder político aumentou de forma gradual e persistente. Dessa forma, nas últimas eleições, o tradicional machismo argentino deu sinais de que está encolhendo, já que 68% do eleitorado votou em mulheres.

Gramáticos indicam que “presidente” está correto, mas que, por questões de costume, nos últimos anos, a palavra “presidenta” tornou-se aceitável. Analistas políticos, porém, afirmam que a insistência fora do comum de Cristina com a palavra é mais uma amostra do autoritarismo do casal Kirchner do que uma preocupação gramatical.

domingo, 16 de dezembro de 2007

De la emoción inicial a los cascotazos: así no se trata a una dama


Julio Blanck. jblanck@clarin.com

Algún cinéfilo debe acordarse. La película se filmó hace cuarenta años, con el gran Rod Steiger, la bella Lee Remick y un joven George Segal como protagonistas. Era un policial, sobre un asesino de mujeres perseguido por un detective sin demasiadas luces. El filme se llamaba "Así no se trata a una dama". El título, si se quiere, es aplicable a las desventuras que sufrió nuestra Presidenta, expuesta a una confabulación estelar que quiso arruinarle los fastos de iniciación.

La Presidenta había mostrado su mejor versión el día del juramento y toma del poder. Elegante, sobria, sonriente, con un discurso de ideas -como siempre- muy bien articuladas. Y lo que es mejor, toda una sorpresa, lució de verdad emocionada. Ella, la Dama de fuego y de acero, la polemista tenaz y temible, la oradora dura y combativa, no ocultó las lágrimas que la adornaron varias veces en su gran día.

Se emocionó en el Congreso después de que su esposo, un feliz Néstor Kirchner, le colocó la banda presidencial. Volvió a emocionarse, y muy fuerte, cuando le tomó juramento como ministra a su cuñada, Alicia Kirchner. La voz se le quebró y el abrazo entre ellas fue notable. También puchereó un poco -dicho esto con el mayor de los respetos- cuando invistió a Graciela Ocaña como ministra de Salud. Y después volvió a compungirse cuando salió al escenario frente a la Plaza de Mayo, y las banderas le flameaban abajo y los concurrentes, entusiasmados, la ovacionaban.

Esa Cristina novedosa fue la misma que en su primer discurso ante el Congreso avisó que sabía que todo le iba a costar más por ser mujer. Las pinceladas de sensibilidad de esas horas estuvieron fuera del libreto esperado, fuera del personaje público que la Presidenta se preocupó en construir.

Cristina volvió sobre la misma idea, la de la mujer que tiene que ser dos veces buena para que la reconozcan como tal, muy poco después. Pero en circunstancias menos festivas.

Fue cuando descargó su primera diatriba estilo Kirchner, desde el atril de la Casa Rosada, para responder apenas con argumentos políticos a una perfecta operación basada en hechos incontrastables: la detención en Miami de un puñado de truhanes chavistas vinculados a la valija con 800.000 dólares, que el viscoso Guido Antonini Wilson había transportado a la Argentina y dejó graciosamente en manos de nuestra Aduana, y la declaración de uno de ellos acerca de que esos bonitos billetes estaban destinados a ayudar a su campaña presidencial.

El cascotazo americano todavía retumba. El gobierno de Washington, en el mejor estilo "a mí por qué me miran", juró que no tenía nada que ver y que todo era cuestión de la Justicia, tan independiente. Fuera de micrófono dijeron que el destinatario de la operación era el venezolano Hugo Chávez, con el que comparten una tormentosa historia de amor recíproco. Pero al gobierno de Cristina el mensaje llegó clarísimo y así fue recibido, a juzgar por la reacción. Los que se juntan con Chávez ya saben qué confites pueden esperar enviados por el Gran Hermano.

Esto sólo hubiese sido bastante para borronearle a la Presidenta su semana de gloria. Pero además apareció el bueno de Hugo Moyano, que le avisó que estaba listo para cruzarse a la vereda de enfrente, después del intenso romance de cuatro años que protagonizó con su esposo el ex Presidente, de quien fue una pieza tan funcional como bien recompensada.

Es cierto que el camionero tiene algunos problemitas internos. Hay una larga legión de sindicalistas que lo quieren descabezar en la CGT. Y en las zonas de influencia de su gremio, que él pretende cada vez más anchas, algunas cosas parece que se arreglan a los tiros, como en las viejas épocas. Ya hay un crimen que la Justicia de Rosario sigue investigando mientras se suman nuevos he chos violentos. Pasó antes y seguirá pasando: cuando un jefe sindical está en problemas, la variable de ajuste para retomar el centro de la cancha es endurecer su posición. Es lo que hizo Moyano, según explican los exégetas del gremialismo. Pero la patada le llegó a Cristina.

Sepan, señores, que así no se trata a una dama.

segunda-feira, 10 de dezembro de 2007

Cristina, la muchacha peronista

Cristina Fernández de Kirchner: Una militante de los tormentosos años 70 llega al centro del poder


Nació hace 54 años. Vivió en una ciudad que desbordaba euforia y sangre hasta el golpe de 1976. Eligió el Sur junto a su flamante marido. Desde allí comenzó su carrera política, que la pone hoy en la Presidencia.

Clarín

Mocosa impertinente!! La frase sonó a bofetada en labios del senador Eduardo Menem, que de impertinencias entendía un rato, y estaban dirigidas a Cristina Kirchner, senadora flamante en mayo de 1995. Se discutía la distribución de cargos en el Senado y el menemismo intentaba imponer la "antigüedad". "Yo soy representante de una provincia, igual que usted, senador -le había dicho la legisladora-. Claro que no soy la hermana del Presidente."

El duelo verbal le viene pintado a la futura presidenta. Está en su salsa. Y quienes la enfrentan, están en la salsa de ella. Es una marca generacional. Nació el 19 de febrero de 1953 y en La Plata. Pertenece a la generación que discutía de política en la mesa de los domingos con padres, hermanos y tíos; la generación a la que en la escuela primaria se le preguntaba "¿En tu casa qué son? ¿Peronistas o contreras?" cuando ya el peronismo tenía firmado un certificado de defunción que nunca entró en vigencia. La futura presidenta es de la generación del país partido en dos.

Y de La Plata, que no es un dato menor. Tener veinte años en La Plata en los años 70 era algo especial. Cada sábado al mediodía, por 7 y 49, paseaban las muchachas más bellas del planeta, con los buitres al acecho; se armaba un programa cargado de promesas y se terminaba en Bellas Artes viendo "Operación Masacre" en la clandestinidad; o en un centro de estudiantes, fascinados frente al filme en blanco y negro en el que Perón dejaba sus charlas de "Actualización doctrinaria". En el peor de los casos, se terminaba en alguna casa generosa, con guitarra y Serrat, o Viglietti, o "el libro de poemas que los amantes llevan siempre a la cabecera de la cama", al decir de Neruda. Todo amenizado como era debido: con las majestuosas papas fritas de "La Aguada".

Era imposible no ser peronista en los 70 y en La Plata, porque los padres de aquella generación eran radicales o conservadores.

Eduardo Fernández, padre de Cristina, era un comerciante radical, balbinista. Ofelia, la mamá, una mezcla de conservadora y dirigente sindical. Las discusiones en la mesa de los Fernández eran feroces. Como feroces eran las peleas de la alumna Fernández con sus profesores de secundaria. Sólo hallaba un remanso en los avatares de epopeya de la mitología griega. "Siempre digo -ha dicho alguna vez la futura presidenta para sintetizar sus batallas familiares- que soy la simbiosis perfecta entre radicales y peronistas." Amén. Eso sí es digno de la mitología griega.

En 1973 llegó a la Universidad Nacional de La Plata para estudiar Derecho. La UNLP era toda un hervidero. Lanusse en retirada, Cámpora al Gobierno, Perón al Poder (con P mayúscula) y aquel se van, se van y nunca volverán de aquellos jóvenes que creían de verdad lo que decían creer. Y las asambleas. Largas, interminables, profusas, durísimas. Todavía todo era adolescente. Si algún tono de voz perdura hoy en la futura presidenta, algún gesto rígido, alguna modulación cortada a hachazos que puede herir algunos oídos, tal vez deba atribuirse a esa marca registrada: La Plata y los 70. El mundo ha cambiado mucho desde entonces, todo se ha tornado más civilizado, más neutro, más desapasionado. Se firman sentencias de muerte, pero con buena letra, Serrat dixit. Pero en aquel entonces, hasta las misas en la Catedral eran cuasi una asamblea popular que monseñor Antonio Plaza toleraba con sonrisas resignadas, antes de poner su báculo al servicio del terrorismo de Estado.

La señora Kirchner ha reflexionado sobre su propia generación y sobre aquellos años. "Critico -dijo a este diario no hace tanto tiempo- su militarización, su desprecio por los instrumentos democráticos que, en definitiva era un desprecio a la voluntad popular. Pero de mi generación reivindico sí la preparación intelectual, el compromiso, los valores, tantas cosas..."

Después llegaron los asesinos. La Plata fue un ensayo general del terrorismo de Estado que llegaría en 1976. La Triple A y otros grupos criminales se lanzaron a una fiesta de sangre en la que los jóvenes militantes, palabra caída en desuso, eran fusilados contra las mismas paredes que pintaban al amparo de la noche.

Cristina y Néstor Kirchner se conocieron en octubre de 1974, con el país enlutado todavía por la muerte del General. Ella era compañera de estudios de la novia de un compañero de estudios de él. Así de simple. Amor y militancia. Los dos formaron parte de la Juventud Peronista. Y todo iba muy rápido. Seis meses de noviazgo y el casamiento el jueves 8 de mayo de 1975. Ese mismo día, la presidenta Isabel Perón recibía a una delegación de chicos coreanos y la Policía hallaba en Villa Celina el cadáver destrozado a balazos de Alfredo Ongaro, de 21 años, hijo del dirigente gráfico Raimundo Ongaro, en ese momento preso a disposición del Poder Ejecutivo. La ceremonia del casamiento de Cristina y Néstor terminó por espantar al ya sufrido papá Eduardo: la barra de amigos y amigas de los novios cerró la ceremonia con la "Marcha Peronista". Perón, Perón, qué grande eras.

El 24 de marzo de 1976 los jóvenes Kirchner eran dos sombras en las calles platenses ocupadas por las Fuerzas Armadas: "Nos fuimos de casa a una pensión de mala muerte. Esa madrugada no pudimos dormir porque sonaban ametralladoras y explosiones. Debe ser por eso que me cuesta tanto ir a La Plata. Amo a esa ciudad donde pasé mi vida, mi adolescencia. pero también me recuerda esos años violentos y a toda la gente que ya no está más."

El resto es historia conocida. Para no ser dos más de los que no están más, los Kirchner se van al Sur desolado. «él abogado, ella con tres materias a rendir antes del título. En Río Gallegos establecen el "Estudio Jurídico Kirchner", una empresa de asesoramiento financiero que fue exitosa: 22 de las 24 propiedades que figuran en la declaración jurada de la futura presidenta fueron compradas en esos años.

Al contrario que con otras vidas, a las que los años de plomo deshicieron, la pareja Kirchner se mantuvo unida. Un caso especial. Ella habla de él y le dice "Kirchner". Ni mi esposo, ni mi marido... "Kirchner". En aquellos otros años hubiera dicho, tal vez lo haya hecho, "Mi compañero".

Ama El Calafate, una ciudad donde la bautizaron "La Bruja". Allí les murmura a sus plantas y escucha su música: Serrat, cómo no, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Luis Eduardo Aute, la "Negra" Sosa, algo de ópera y Vivaldi. Ojalá los cimbronazos del poder la inclinen a la sinfonía y al período romántico, que reconfortan tanto como el barroco.

En el 89 fue diputada provincial en Santa Cruz, en el 93 diputada nacional por Santa Cruz, en el 95 senadora, en el 97 se fue de la Cámara alta ("No soy, no fui ni seré menemista") para ser diputada: la habían borrado de todas las comisiones de la Cámara por pedir públicamente la renuncia de Oscar Camilión, ministro de Defensa, por la venta de armas a Ecuador y Croacia; en el 98 se declaró duhaldista; en 2002, después de la hecatombe, fue de nuevo senadora. En 2003 arriesgó: "No quiero ser presidenta." Cosas que se dicen. Nunca dejó de lado su carácter, que tanto irritaba a algunos de sus pares en el Senado: rebeldía, frontalidad, pasión, capacidad de análisis, fortaleza de carácter y aquellas altas torres de la primera juventud: justicia social, derechos humanos. Todas estas calidades pueden convertirse en una carga en el sillón mayor de Balcarce 24.

Cree que la mujer da un valor agregado a la actividad política: Aportamos mayor simplicidad para exponer las cosas. Somos más directas, más llanas, en algunos casos, más jugadas. Lo que me niego a decir es que somos menos corruptas. Eso no es una cuestión de género.

Quién sabe cuáles recuerdos, cuáles imágenes, cuántas voces, cuántas luces, cuántas ausencias y cuáles sombras pasarán por su cabeza cuando jure como el último eslabón que faltaba gobernar en el peronismo de los últimos treinta y cinco años: el de las jóvenes militantes de los tumultuosos 70.

Cuando lo haga en la tarde de hoy, el destino de este país veleidoso y sufrido estará en sus manos.

O que esperar da nova presidenta


Por Roberto Luis Troster

Valor

Hoje assume a presidência da Argentina Cristina Fernández de Kirchner, esposa do seu antecessor. A questão é se é o começo de uma mudança ou se é mais do mesmo. Os argumentos mostrando a continuidade são óbvios: a manutenção de quase todo o gabinete, os anúncios na política econômica e a proximidade do ex-presidente e marido. Entretanto, ela tem a opção de surpreender.


"Cristina no governo e Nestor no poder". A frase reflete a percepção de que foi apenas uma reeleição maquiada. Afinal, não teria sido eleita sem o marido, que assumiu a Argentina em crise e a entregou com um crescimento médio superior a 8% em cinco anos. Mesmo com os problemas criados, é um resultado respeitável. É o segundo ex-presidente de maior popularidade na história argentina, só perde para Perón.


É fato também que Nestor Kirchner deve boa parte de seu sucesso a Cristina. Ela teve uma participação e influência decisiva em toda a vida política do marido. Quando foi eleito, em 2003, era um político provincial, sem projeção nacional, que teve apenas 22% dos votos, boa parte deles em protesto contra políticos tradicionais; na época, Cristina já era uma figura conhecida no Congresso Nacional, com brilho próprio. Além de parlamentar por mérito dela, é carismática, tem uma visão de mundo aberta, é independente e se apresenta como uma pessoa flexível.


Tem legitimidade para o cargo. Foi eleita com 45% dos votos, mais que o dobro do segundo colocado. Seu partido elegeu 19 dos 24 governadores e controla a Câmara, com 161 dos 257 deputados e 47 dos 72 senadores. A oposição está dispersa, os caudilhos antigos se foram e todos os partidos políticos, incluindo o seu, não têm programas consistentes de futuro. Tem as condições para fazer acontecer.


Começa o governo com a economia crescendo, reservas de US$ 40 bilhões e apoio popular. Mas também inicia com as relações internacionais intrincadas e com os primeiros sinais de esgotamento da política econômica; o espaço para crescer no embalo do preço das exportações está se reduzindo. Ela tem tempo para mudar, mas não pode esperar até o final do mandato.


Os sintomas de que o atual paradigma econômico é limitado estão cada vez mais fortes - inflação em alta, investimentos baixos, superávit fiscal em queda, dificuldades para acessar o mercado internacional de crédito, racionamento de energia e diminuição nas taxas de crescimento - e os instrumentos de controle estão cada dia mais fracos - congelamentos de tarifas, acordos setoriais, tabelamento de cesta básica, tributação discricionária e pressão política para segurar preços.

Cristina não teria sido eleita sem o marido, que assumiu a Argentina em crise e a entregou com um crescimento médio de 8%


Enquanto, na frente internacional, Cristina mostra sinais de uma mudança oportuna, na área econômica preocupa. A inserção externa argentina é complicada: tem um relacionamento próximo demais com a Venezuela, que a afasta de Washington; problemas com o Uruguai e com o Chile; e ainda sente a ressaca do calote da dívida em 2001. A presidenta sinalizou uma abertura mais conveniente: já na campanha se aproximou da comunidade européia, abrindo o diálogo para resolver as pendências com o Clube de Paris, soube manter uma distância amigável com Chávez e se posicionou bem com o Brasil, onde fez a primeira visita oficial como presidenta eleita.


Em economia, os indícios são ruins. Fala-se de um keynesianismo ortodoxo, pacto social, proteção aos setores menos competitivos, impostos distorcivos nos setores competitivos e câmbio desvalorizado. São propostas obsoletas e inadequadas, que vão funcionar por pouco tempo. Keynes morreu há mais de 60 anos e seu receituário era para a economia inglesa de 1930, não para a Argentina de 2007 - é inadequado hoje; o pacto social é uma cortina de fumaça para driblar a inflação por algum tempo; e os favorecimentos setoriais mascaram ineficiências e sufocam os setores mais dinâmicos da economia. Se adotadas, essas políticas vão funcionar por algum tempo. No médio prazo, estão fadadas ao fracasso.


A história está cheia de exemplos mostrando que essas políticas não geram crescimento sustentável e se esgotam. É uma concepção da economia neomercantilista extrativista, que funciona se apropriando de riquezas, em vez de gerar valor. A Argentina aumentou seu PIB, mas caiu nos rankings de competitividade. Tornou-se vulnerável às oscilações dos preços das commodities, que vão permanecer elevados por um tempo, mas não para sempre.


O grande desafio para Cristina é mudar o paradigma econômico para obter um crescimento mais duradouro e menos dependente. A tarefa é complexa. Entretanto, as condições para a mudança são boas e não há nenhuma barreira intransponível. A mais urgente é arrefecer a inflação e todo o esquema de controle artificial de preços. Há outras, como recuperar o sistema bancário em frangalhos, expandir o crédito, melhorar a eficiência dos gastos públicos, implantar uma política energética, corrigir a tributação e estimular os setores produtivos a ganhar mais eficiência. A mais importante é como inserir, de forma conveniente, a Argentina no Século XXI.


É necessária uma estratégia fundamentada em premissas sólidas. O desenho do quadro institucional deve ser adequado aos novos tempos, destacando-se as reformas trabalhista, tributária, do judiciário, da saúde e educacional. Este último caso é emblemático: a Argentina tinha um nível de educação elevado, chegou a ganhar quatro prêmios Nobel, e atualmente apresenta indicadores medíocres. As combinações das políticas monetária, fiscal e cambial devem ser consistentes intertemporalmente. Enfim, falta uma agenda crível para o novo governo.


Cristina pode fazer acontecer e se transformar numa figura de dimensões históricas ou continuar nesse barco e ser apenas lembrada como mais uma. Tem coragem e estilo para surpreender. Conseguirá?


Roberto Luis Troster é sócio da Integral Trust.

domingo, 9 de dezembro de 2007

La economía que recibirá Cristina Kirchner, un manto de tranquilidad y expectativa

Clarín | Las cuentas públicas gozarán durante 2008 de buena salud. El reciente aumento a las retenciones al agro, el petróleo y la minería generan alivio. Sin embargo, hay compromisos por intereses de la deuda. Y se espera un pago de 6000 millones de dólares el Club de París, que no se haría todo junto el año próximo.

Más información:
Las cámaras empresarias piden continuar con el modelo, más crédito y reglas de juego claras

Las claves

1) Los números acompañarán a Cristina Kirchner, al menos durante 2008. Solo en concepto de retenciones al agro y al petróleo el Tesoro se asegura unos 7 mil millones de pesos anuales. Y se sumó un nuevo Impuesto a la minería, que dejaría otros 800 millones más.
2) El desafío de aumentar la inversión y controlar el aumento de precios marcarán la agenda inmediata. El primer paso sería saldar la deuda con el Club de París por unos 6000 millones de dólares. Y se espera, por otro lado, que se le devuelva la confianza al Indec.
3) Kirchner deja atrás 4 años con resultados incuestionables en materia económica. Bajó el desempleo a un digito, mejoró-tenuemente- la distribución del ingreso, y descendió la pobreza y la indigencia. Sin embargo, en materia social, las deudas pendientes siguen latentes.

Los números acompañarán a Cristina Kirchner. Al menos, eso pronostica la mayoría de los economistas que suelen evaluar el estado de la salud de las cuentas públicas, más allá de su variante ideológica. También, reina una coincidencia: este viento de cola deberá aprovecharse para poder pasar eventuales coletazos, algo que por cierto no estuvo ausente en la historia político-económica del país más reciente.

En este contexto de buenos brios, el aumento de la inversión aparece como el principal desafío para la gestión que viene. Y que comandarán, al unísono y con diferentes dosis de influencia, la propia Cristina, el saliente jefe de Estado, Néstor Kirchner, el futuro titular de Hacienda, Martín Lousteau, el ministro de Planificación, Julio de Vido y el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.

Lo que se pretende es que la inversión, que hoy ronda el 23% del PBI, crezca 3 o 4 puntos. Y se lanzarán a principios de año algunos instrumentos en ese sentido, como una garantía para que las compañías no sean afectadas por la volatilidad de tasas de los préstamos. También se espera el nacimiento de un nuevo banco de desarrollo que presidiría Miguel Peirano.

La decisión del Primer Mandatario durante sus últimas semanas en el poder fue contundente. Dejarle las arcas llenas a su sucesora fue una de sus obsesiones. Los anuncios de sendos aumentos a las retenciones de semillas y el más reciente a los combustibles, le permitirán al Tesoro sumar unos 7 mil millones de pesos anuales, lo que marcará una presión impositiva récord, al superar el 27%.

A eso, hay que sumarle unos 250 millones de dólares anuales por impuestos a las exportaciones mineras, decisión que se adoptó mediante una resolución de la propia secretaria de Minería que les quitó a 14 empresas (la mayoría de países extranjeros) los beneficios fiscales que se les habían concedidos por ley en 1993. Las retenciones irían del 5 al 10 por ciento de metales en bruto, y lo que recaude el Gobierno –al igual que con las semillas y el petróleo- dependerá de los precios internacionales, en pleno crecimiento en estos momentos.

Por su parte, la reforma en el sistema jubilatorio permitió el traspaso de 1 millón de aportantes de las AFJP al sistema de reparto oficial. De esta forma, los que antes aportaban a las AFJP ahora lo hacen al ANSES y ello implica una mayor recaudación de 1.700 millones de dólares anuales (0,6% del PBI).

Los mayores ingresos -que incluso serían más amplios de los previsto teniendo en cuenta que el precio de la soja, el trigo y el maíz siguen disparándose- le marcarían un terreno despejado a la presidenta electa. La disyuntiva que se plantea es si esto se aprovechará para ir hacia una gradual desaceleración del gasto público. Por lo pronto, se conoció esta semana que un aumento en el transporte público urbano de alrededor del 20 por ciento se tomará en enero, lo que le permitirá al Gobierno dejar de pagar en concepto de subsidios a ese rubro unos 600 millones de pesos. Este sería el antecedente inmediato para nuevos ajustes tarifarios en otras áreas.

Por otro lado, la estabilidad del dólar es otro tema de particular interés. No hubo ninguna señal precisa de la conducción que vendrá luego del 10 de diciembre de que se terminará con el dólar por encima de los 3 pesos, y en una curva que no iría mas allá de los $3,20/$3,40 –esto indica el Presupuesto 2008, en efecto. Para el caso, son las reservas del Banco Central (BCRA), donde continuará Martín Redrado, las que podrían garantizarle al Gobierno previsibilidad respecto al valor del peso. En la semana previa a la asunción de Cristina la entidad cuenta con más de 45 mil millones de dólares en reservas.

Claro que, del otro lado, estarán presentes los compromisos. Además de las renovadas demandas en infraestructura, especialmente en áreas energéticas, hay vencimientos que deberán cumplirse. El país necesitará unos 7.000 millones de dólares para cumplir con todos los compromisos de 2008, un valor que en este panorama no resulta preocupante. Pero en 2009, como adelantó Clarin, tendría que conseguir 11.000 millones de dólares más y allí las condiciones no resultan tan claras.

Por otro lado, para destrabar inversiones y volver a ubicarse dentro del escenario internacional –una de las prioridades de Cristina-, habría que desembolsar 6000 millones de dólares para saldar la deuda con el Club de Paris. No obstante, esta deuda no se pagaría toda junta el año próximo. Y habría que tener en cuenta la posiblidad de que se reabra el canje de la deuda, donde la Argentina podría necesitar unos 2.500 a 3.000 millones de dólares más por año.

Por otro lado, el Gobierno seguirá de cerca lo que ocurra con el aumento de precios –el objetivo es que las cifras oficiales no superen bajo ningún aspecto los 12 puntos anuales-, e ir a un marco de negociaciones salariales en paritarias con los ánimos templados y con "racionalidad de ambas partes". Todo indica que el sindicalismo en toda sus variantes no esta dispuesto a bajarse de los 20 puntos, pero aún resta un tiempo prudente para junio de 2008.

Lo cierto es que desde la asunción de Néstor Kirchner, en aquel día patrio de mayo de 2003, el PBI creció más del 38 por ciento, y se ira dejando una tasa de desocupación del 8,1 por ciento. Además, las cifras del INDEC muestran que hay un 30 por ciento menos de pobres y un 20 por ciento menos de indigentes. Y la brecha de ingresos, que muestra la distribución de la riqueza, bajó de 56 a 30 por ciento. Por otro lado, las cifras son medidas por una entidad cuya credibilidad atraviesa un delicado momento. Su renovada confianza, así como los nuevos métodos de medición que prometen más fiabilidad, serán nodales para sincerar los precios y las tasas de inflación.

O tango agora é de Cristina

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Homenagem a nova Presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, que assume amanhã

domingo, 2 de dezembro de 2007

SILVIA PIMENTEL, DIRIGENTE FEMINISTA: “No basta con que la mujer esté en puestos de decisión”

Es brasileña e integra el Comité de la ONU contra la Discriminación de la Mujer. Aquí explica para qué sirve el Protocolo de la Cedaw. Y destaca el “valor simbólico” de una presidenta mujer, pero advierte que “con eso solo no es suficiente”.

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Imagen: Ana D’Angelo


Por Mariana Carbajal - Página12

Silvia Pimentel es una reconocida activista feminista brasileña. Actualmente integra el Comité de la ONU que monitorea el cumplimiento de la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (conocida por su sigla en inglés, Cedaw), el tratado internacional más importante para la defensa de los derechos de las mujeres. De visita en Buenos Aires, señaló que está “feliz” por la elección de una mujer como presidenta de Argentina por el “valor simbólico” que implica que la máxima autoridad política lleve polleras. Pero al conocer su posición en contra de las despenalización del aborto, quiso mandarle un mensaje: “Yo le diría a Cristina Kirchner que tiene que separar sus creencias personales y su religiosidad –a las que yo respeto mucho–, pero no puede confundirlas con su obligación como jefa de Estado de Argentina de respetar la realidad, las necesidades y las reivindicaciones de las mujeres de su país. No basta con que la mujer esté en puestos de decisión, no es suficiente. Es necesario que esas mujeres, que Cristina Kirchner sea sensible y más, esté comprometida, con las demandas y las causas de las mujeres de su país”, consideró Pimentel, durante una entrevista de Página/12, en la que además explicó para qué les puede servir a las argentinas recurrir al Comité de la Cedaw.

Pimentel llegó el martes al país, como parte de una misión especial del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH), con sede en Costa Rica, al conmemorarse un año de la ratificación del Protocolo Facultativo de la Cedaw, el anexo de la Convención que permite llevar denuncias al Comité que monitorea ese tratado de casos puntuales o violaciones sistemáticas de derechos de las mujeres por parte del Estado parte. Durante su paso por Buenos Aires, Pimentel se reunió con integrantes de ONG de mujeres y funcionarios del Gobierno. El viernes participó de un Congreso de Género y Derechos Humanos organizado en La Plata por el IIDH y la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNLP.

Esta brasileña con más de treinta años de lucha feminista es abogada, madre de cuatro hijos y abuela de varios nietos. Fue una de las fundadoras del Comité de América latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem) y del Iwraw (Internacional Women’s Rights Action Watch), la primera ONG internacional dedicada a la tarea política de vigilar el funcionamiento del Comité Cedaw, desde la perspectiva del movimiento de mujeres. Hoy, Pimentel es una de los veintitrés miembros del Comité Cedaw, además de profesora de Filosofía del Derecho de la Pontificia Universidad Católica de San Pablo, Brasil.

–¿Para qué les puede servir a las mujeres de Argentina que el país haya ratificado el Protocolo Facultativo de la Cedaw?

–La Convención Cedaw es la carta magna de los derechos de las mujeres, importantísima, pero no daba a las mujeres individualmente o a organizaciones la posibilidad de acceder al Comité Cedaw con denuncias sobre violaciones de los derechos humanos de las mujeres por parte del Estado, sea por acción o por omisión. El Comité es casi un órgano jurídico y el Protocolo Facultativo abre la posibilidad de presentar allí denuncias –se llaman comunicaciones– de casos particulares. Pero además, hay un artículo en el Protocolo Facultativo, el octavo, sobre el cual quiero poner especial énfasis, que tiene una dimensión todavía no bien percibida por las mujeres. Dice textualmente ese artículo: “Si el Comité recibe información fidedigna que revele violaciones graves o sistemáticas por el Estado parte de los derechos humanos enunciados de la Convención, el Comité invitará a este Estado parte a colaborar con el examen de la información y a esos efectos a presentar observaciones sobre dicha información”.

–¿Qué situaciones se podrían denunciar?

–A mi juicio es una violación grave y sistemática de parte del Estado parte –y esto pasa tanto en Argentina como en mi país, Brasil– la negación del acceso al aborto que está permitido por el Código Penal. Sistemáticamente las mujeres que lo reclaman no tienen la posibilidad de realizárselo o tienen que enfrentar obstáculos. Es una violación grave porque muchas mueren al no acceder a un aborto.

–Justamente este año murió en la provincia de Santa Fe una joven, Ana María Acevedo, después de que se le negara un aborto terapéutico en un hospital público. Y recientemente fue admitido en el Comité de Derechos Humanos de la ONU otro caso, el de una adolescente discapacitada mental que fue abusada sexualmente y tuvo que recurrir a una clínica privada para interrumpir el embarazo, a pesar de contar con un fallo de la Corte bonaerense que avalaba su pedido...

–Esos casos se podrían denunciar ante el Comité Cedaw. Y hay otros casos de abusos sistemáticos de los derechos de las mujeres, como los casos de niñas y jóvenes en situación de trata. No quiero disminuir la importancia de las denuncias individuales, pero la denuncia de situaciones de violación sistemática y grave tiene un aspecto político macro, una importancia fantástica. Hasta ahora, de los más de diez casos que hemos recibido en el Comité, uno solo se refiere a una violación grave y sistemática y tiene que ver con los crímenes de mujeres en Ciudad Juárez, en México.

–¿Qué resolvió el Comité en ese caso?

–El Comité no es un tribunal. Se promovieron investigaciones, se demandó al gobierno estudios, evidencias. Este mecanismo tiene un efecto importante, que es llamar la atención del Estado parte –en este caso México– de que algo debía haber hecho para evitar esa situación. Hace unos días en Brasil salió a la luz que una adolescente de 15 años había pasado 20 días en una cárcel de adultos con hombres en la misma celda. Para comer, los presidiarios le exigían relaciones sexuales, si no le quitaban la comida. Algo terrible. Esto ocurrió en el estado de Pará, en el norte del país. ¿Por qué lo menciono? Cuando el escándalo apareció, la gobernadora de Pará fue entrevistada por los medios de comunicación y dijo que eso era muy frecuente, que no era una novedad. Al escucharla, pensé: es un caso para utilizar el artículo 8º del Protocolo Facultativo. Es gravísimo y sistemático. Hay que pensar en aprovechar este mecanismo.

–Usted es una reconocida luchadora por la despenalización del aborto. ¿Por qué sostiene que debe despenalizarse?

–Siempre digo que no estoy a favor del aborto sino de su despenalización. ¿Por qué? Porque no se puede criminalizar a mujeres que dicen “no puedo tener un bebé”. Yo pienso que el aborto no es un método de anticoncepción, pero es una posibilidad para una mujer que entiende que no puede, no debe o no quiere tener un hijo. Yo soy madre de cuatro hijos. Un hijo debe ser deseado para ser amado. No se puede obligar a una mujer a tener un hijo, el Estado no puede decir que una mujer tiene que tener un hijo si quedó embarazada. Es algo muy personal, muy íntimo. Elegir su vida es un derecho que las mujeres tienen que tener. Como mamá y como abuela de varios nietos pienso que es una falta de sensibilidad y de respeto del Estado hacia los mismos niños que pueden nacer en esas circunstancias. Vivir es difícil, pero vivir llegando así, sin ser deseado, es a su vez más difícil: es horrible.

–Como sabrá, es la primera vez que la Argentina elige a una mujer como presidenta...

–¡Felicitaciones, Argentina!

–Cristina Kirchner ha manifestado que está en contra de la despenalización del aborto. ¿Qué opina?

–Me encantaría enviarle un mensaje a través de este medio a la presidenta electa. En primer lugar, le quiero decir que acompañé muy feliz su elección. Soy feminista desde hace más de 30 años y fue una alegría muy grande para mí ver que las dos principales candidatas eran mujeres. A Lilita (Carrió) también la respeto. En segundo lugar, le quiero decir a Cristina Kirchner que es muy bueno que haya resultado electa porque tiene un valor simbólico muy grande: tenemos una mujer como la más alta política en Argentina, una más en Latinoamérica. Pero no basta con que la mujer esté en puestos de decisión, no es suficiente. Es necesario que estas mujeres, que Cristina Kirchner sea sensible y más, esté comprometida con las demandas y las causas de las mujeres de su país. Yo le diría a Cristina Kirchner que respeto muchísimo las creencias religiosas de las personas, pero lo que espero es que ella sea una jefa de Estado al ocuparse de los derechos y la salud pública. Hay que separar sus creencias personales y su religiosidad. No puede confundirlas con su obligación como jefa de Estado de Argentina de respetar la realidad, las necesidades y las reivindicaciones de las mujeres de su país. Es un desafío. Sé que no es fácil porque estamos viviendo una exacerbación de los fundamentalismos. Y debo decir que en América latina y el Caribe tenemos manifestaciones muy oscuras de retrocesos, incluso, a partir de acciones fundamentalistas como es la derogación del aborto terapéutico en Nicaragua. Pero no podemos retroceder: hay que proseguir en la defensa de los derechos de las mujeres.

–Usted es profesora en la Universidad Católica de San Pablo. ¿No ha tenido problemas para dar clases por sus posiciones feministas?

–La Universidad Pontificia de San Pablo, en Brasil, es una universidad considerada de vanguardia. En el momento de la dictadura se manifestó en contra de los militares e incluso estuvo abierta a recibir profesores echados de universidades estatales. Luchamos y somos un símbolo en Brasil por las libertades democráticas. Por eso, creo, siempre respetaron mi libertad de expresión y de opinión. De todas formas, hay esfuerzos para sacarme por parte de grupos llamados provida que están haciendo un monitoreo de lo que hago en el Comité Cedaw.

–¿La vigilan?

–Sí, y dicen que no es posible que yo esté diciendo las cosas que digo y sea profesora de una universidad católica. Estoy bajo vigilancia pero felizmente, la razón y el respeto guían a la Arquidiócesis de San Pablo y a la Universidad Católica.

–¿Hacia dónde debería avanzar el gobierno argentino para prevenir y erradicar la violencia de género?

–Todos los países de América, por no hablar del mundo, hacen menos de lo que deberían hacer en ese sentido. Por ejemplo, escuchando a ONG de Argentina me enteré de que en la provincia de Buenos Aires hay sólo un refugio para mujeres que sufren violencia. No lo puedo creer. La Convención Interamericana de Belem do Pará habla de prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres. Se debe hacer mucho más para prevenir, que es el primer paso, pero cuando no es suficiente la prevención hay que proteger a las mujeres. ¿Cómo puede haber un solo refugio? Es lamentable. Esta es una grave y sistemática violación de los derechos humanos de las mujeres por parte del Estado por omisión.

segunda-feira, 26 de novembro de 2007

“LA ARGENTINA REAL NO ES LA DE LOS MEDIOS”

NOTA DE TAPA


Abrir esta nota en una ventana nuevaRecortar esta nota y guardarlaReportaje exclusivo a Cristina Fernández de Kirchner:
La presidenta electa adelanta las líneas políticas y económicas que definirán su gobierno. Revela nombres de embajadores, el rol de los ministros y cómo será el acuerdo social. Su mirada sobre la política exterior, el modelo económico, el Indec y las instituciones, en debate con la que ofrecen los grupos informativos.




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En su casa de El Calafate, donde pasó el fin de semana en compañía del Presidente.
Imagen: Adrián Pérez



A dos semanas de asumir la presidencia, Cristina Fernández de Kirchner explica las políticas que aplicará durante su mandato, da a conocer nombres de embajadores y mantiene el suspenso sobre las segundas líneas. Define cómo será el acuerdo social que propugna y revela que difundirá a principios de 2008 un “relevamiento físico” de toda la Argentina, provincia por provincia, que será la base de los planes productivos y de infraestructura. Sus ideas sobre la oposición y el sistema político, la meneada política exterior, los cuestionamientos a los funcionarios y el Indec y, a todo lo largo del diálogo, su crítica a la mirada con que la mayoría de los medios muestra la realidad.

Por Ernesto Tiffenberg, Mario Wainfeld y
Fernando Cibeira

Cristina Fernández de Kirchner es una reporteada deseable. Es una protagonista excluyente, otorga todo el tiempo del mundo a la entrevista, en su casa de Calafate, en la tarde del viernes. Da la impresión de estar a gusto, contesta sin enfados, acepta y propone bromas y cuando se le agradece por el largo tiempo concedido comenta creíblemente que no le pareció mucho. Se interna en los temas, no regatea extensión, le gusta hablar de política, busca ser persuasiva. Al mismo tiempo, la presidenta electa es una entrevistada difícil. Cuestiona a menudo la pertinencia de las preguntas, de la narrativa que supuestamente las sustenta, remite a debates anteriores, no todos librados contra este diario. Recae con notable recurrencia en la polémica sobre la lógica de los medios o la de los periodistas, que la induce a numerosas digresiones. En esa dialéctica, la charla recorrió un largo camino regado con unas botellas de agua mineral y una oferta de pastelitos caseros. Néstor Kirchner estaba en la casa pero se retiró durante el reportaje. Sí asistieron el vocero Miguel Núñez, y Cleopatra, una amistosa caniche toy que aprovechó el reportaje para dormitar a gusto al lado de su dueña, la presidenta que viene.

–En uno de sus primeros discursos de campaña le dijo al presidente Kirchner que iba a intentar que no lo extrañaran demasiado, ¿por qué le gustaría que la extrañaran a usted?

–Ah, sinceramente preferiría que no me extrañaran porque el que viene después sea mejor que yo. Lo ideal sería que los recambios institucionales tuvieran una continuidad, más allá de las diferencias en el espectro ideológico.

–Y si no quiere que la extrañen, ¿cómo le gustaría que la recuerden?

–Primero, porque la primera mujer que fue presidenta le hizo honor al género. Siento que tengo una obligación con el género en cuanto a demostración de eficiencia y eficacia en gestión de gobierno. Es un pressing que una siente.

–¿Y en contenidos o políticas? ¿Qué meta le gustaría alcanzar?

–La profundización del proyecto que se inició en el 2003. Nosotros hicimos en esta primera etapa lo macro, que no fue poca cosa. Planteamos un modelo de acumulación económica basado en la industrialización, transformación, en el agregado de valor, frente a lo que había sido el modelo de transferencia de los noventa. También de inclusión social. Habría que profundizar eso. La anterior fue de mucha gestión, pero mucha gestión macro, la próxima será de mucha gestión micro, tendiente a identificar las actividades económicas en las cuales necesitamos mayor grado de inversión, de tecnología. O qué es lo que nos falta en donde somos más o menos competitivos.

–¿Cómo será el acuerdo social que viene proponiendo?

–Lo defino como un acuerdo de carácter estructural en el cual se definan metas, objetivos cuantificables y verificables, siempre basado en este modelo. Con acuerdos sectoriales porque no se puede hacer lo que se hizo en el pacto Gelbard, en 1973, referido nada más que a precios y salarios. No es ésta la idea que tenemos. Y luego de ese acuerdo estructural global, ir sectorialmente sobre cada actividad, porque no son las mismas necesidades ni posibilidades las de cada sector.

–¿Cómo se imagina ese acuerdo, será una reunión de las representaciones corporativas?

–No, nada que ver. Si fuera corporativo no serviría, en términos de representación únicamente de cúpulas sectoriales. Por eso digo que tiene que ver con las necesidades de cada sector. Hay una fuerte necesidad de articulación entre el sector público, privado y el representado por los trabajadores, y no con criterio corporativo sino por cómo se articula hoy en todas las economías desarrolladas del mundo. En Alemania hay acuerdos entre empresarios, sindicatos y Estado. El Pacto de la Moncloa fue un gran acuerdo en este sentido. A eso queremos apuntar.

–Avanzando un poco, ¿cómo sería la primera reunión, cincuenta representantes de distintos sectores o...?

–... bueno, no quieran saber todo lo que se va a hacer. Un poco de paciencia. Ya vamos a articular el diseño.

–De todas maneras, usted sugiere que los actores son los representativos de la sociedad, de la producción, del trabajo y no los partidos políticos. La Moncloa, en cambio, era básicamente un acuerdo entre fuerzas políticas.

–No hay que olvidarse de que el Pacto de la Moncloa viene después de cuarenta años de franquismo, en el gobierno de transición, luego tuvieron el Tejerazo. No me gusta decir “va a ser el Pacto de la Moncloa”, o va a ser tal otro acuerdo. Ninguna sociedad es igual a la otra, ni ningún momento histórico se repite. Tiene que ver esencialmente con un acuerdo muy estructural acerca de cuáles tienen que ser las metas, tiene que ver también con este modelo de perfil industrial, en qué sectores vamos a hacer hincapié, en qué sectores es más necesaria la inversión, en dónde la tecnología. No hay que imaginar esto como una gran ceremonia en la cual nos juntamos setenta o cien personas, a la manera de proclama constitutiva con aires fundacionales, olvídenlo, esto no es así. No funciona así en ninguna parte del mundo. A veces preguntan “¿qué planes, qué medidas?”, como si gobernar fuera lanzar cuatro medidas (un plan) y sobre eso, desarrollar una gestión. No es así. Gobernar es cosa de todos los días, con todos los sectores, todo el tiempo. Hoy se fija una política, mañana cambian las circunstancias internacionales y hay que volver a reunirse para fijar metas y objetivos. Es difícil traducirlo, pero esto es lo que sucede en la gestión de gobierno.

–Aceptando la idea y aceptando también que hay una tensión entre la idea del largo plazo y la planificación...

–... éste es el gran problema del país. Hemos carecido toda la vida de una mirada estratégica de largo plazo. Esto ha dado la imposibilidad de articular a largo plazo de todos los sectores, no sólo de una gestión de gobierno.

–El gobierno de Kirchner arrancó de la emergencia, cuya salida imponía una cantidad de tareas, por así decirlo, gruesas: bajar el desempleo, bajar la pobreza, mejorar las exportaciones. La necesidad de salir tal vez motivó que el elemento básico no fuera la planificación sino la direccionalidad general y una acción intensa en el día a día.

–No, hubo un plan. Si uno recorre los discursos de Kirchner durante la campaña, a él le gustaba hablar de neokeynesianismo, de un plan de obra pública que activara la rueda de la economía y la dotara de la infraestructura necesaria. La planificación no es algo hecho con un compás arriba de un tablero de arquitectura y presentado tipo mamotreto. Están las ideas directrices y se va trabajando toda la planificación en materia de obra pública. Se está trabajando en un plan desde hace dos años, que es un relevamiento físico de la Argentina, que posiblemente presentemos en enero o febrero, donde hemos relevado provincia por provincia, región por región, en cómo está conformada actualmente en sectores productivos, sectores de servicios, rutas. Hay que profundizar en esa dirección.

–En la campaña hubo una discusión económica en cuanto a si convenía seguir creciendo al nueve por ciento con riesgo de inflación, o si convenía bajar suavemente al seis por ciento por ejemplo y controlar mejor las variables.

–Como si fuera la temperatura del aire acondicionado. Sería fantástico si tuviera un aparatito como el de la calefacción y pregunto “¿Tenés mucho calor? ¿La pongo a diez grados, a quince?”

–No es simple, ni en eso se consigue consenso.

–(Risas.) Ningún proceso económico se puede manejar desde un control. Cada vez que nos dijeron eso, Argentina terminó en recesión. La economía es una ciencia profundamente social, tiene que ver con las expectativas de todos los actores: de los trabajadores, de los consumidores, de los usuarios, de los productores, etcétera. Todas las economías del mundo crecen en la medida de lo posible, es lo que necesitamos también nosotros. En definitiva, haber llegado al 8,1 por ciento de desocupación no es una cuestión que se haga diciendo “a ver si lo pongo a cinco o lo pongo a seis”. Los que teorizan de esta manera vienen de experiencias monetaristas, con el sector financiero.

–Más allá de si se puede establecer en un laboratorio cuánto va a crecer la economía, hay dos o tres indicadores controvertidos, en especial en este año. Uno es la inflación. También el nivel de gasto público y el superávit.

–Estamos exactamente en el nivel de superávit que hemos marcado presupuestariamente, llegamos a 3,15. El desempeño en materia de gestión del gasto público también tiene que ver con el desarrollo de la economía. No entiendo cuál es el planteo. ¿Tendríamos que bajar el nivel de inversión pública?

–La pregunta es: ¿la relación gasto-producto 2007 es la mejor que imagina la presidenta para el año que viene?

–Es la que está pautada en el Presupuesto. Es increíble escuchar a los economistas que toda la vida han administrado con un déficit estructural a la República Argentina –los representantes de sus escuelas o ellos mismos en algunos casos– cuestionar al primer gobierno que gestiona sin déficit. Parece que hubiera que dar vuelta cómo se administra. Los que te preguntan son los que administraron con déficit y endeudaron a los argentinos, los condujeron a una desocupación record y terminaron con la tragedia del 2001, corralito mediante. A veces no sé qué es lo que hay que hacer para ser valorizados desde los medios de comunicación, porque desde la sociedad ya lo fuimos.

–Hay economistas que no tienen una mirada muy diferente a la del gobierno nacional que plantean que habría que moderar el gasto con respecto a 2007. No es necesario proponer un modelo antagónico para preguntarse si son necesarios retoques a los números de este año para acrecentar la sustentabilidad futura de este modelo.

–Uno va siempre durante toda la gestión ajustando, viendo si falló algo o cómo se puede mejorar. Pero, más que observaciones, lo que uno siente es que se marca que se está desbocando el gasto público y entonces va a haber déficit. Siempre todo es extremo. A partir del tomate se construyó que venía una disparada hiperinflacionaria como la del gobierno de Alfonsín o como la que tuvo Menem en su primera etapa. ¿A cuánto está el tomate hoy?

–¿Qué rol debe tener el Estado en la redistribución del ingreso?

–Activo, absolutamente. Este gobierno ha mejorado la redistribución del ingreso –no todo lo que hemos querido y era deseable–, de aquella participación del 34 por ciento del PBI que tenían los asalariados en 2003, a un 41 por ciento. Y, por primera vez desde hace aproximadamente una década y media, hemos movido el índice de Gini.

–¿Cómo se expresaría el rol activo del Estado? ¿A través de una reforma impositiva, por ejemplo?

–No, en la profundización del modelo y en la necesaria negociación de los sectores involucrados en las cuestiones de la producción. Hemos negociado más de mil convenios colectivos por primera vez en mucho tiempo.

–¿Cuándo dijo “reforma impositiva no” significa que no hay ninguna perspectiva de reforma al sistema actual?

–Hemos hecho una modificación de bienes personales, creo que ha sido una buena medida. Si me hablan de una reforma tributaria general, no lo hemos pensado. El tema de que si se reduce el IVA se traduce en menores precios y por lo tanto en un mayor poder adquisitivo, no está verificado. Al contrario, creo que si se reduce el IVA el beneficio por ahí termina apropiado por cadenas intermediarias y no por el usuario o consumidor.

Dem & Pop

–Si en un seminario internacional le preguntaran cuál es el perfil político de este gobierno y del que viene, ¿cómo respondería? ¿Un gobierno progresista, socialdemócrata, nacional y popular?

–Popular y democrático.

–¿Nacional ya no?

–Me parece que no se puede ser popular sin ser nacional, soy muy jauretcheana. Profundamente popular y democrático, lo defino sin valerme de categorías europeas. Lo es por su impronta, por su modelo de acumulación, por su manera de interpelación, su modo de relacionamiento. Por eso causa escozor en otros sectores.

–Esas referencias aluden a su lectura de lo popular. ¿Y lo democrático?

–Uno de los caballitos de batalla de la oposición era la calidad institucional. Creo que, como nunca, en este gobierno las instituciones cumplieron su rol constitucional. Fíjese lo que es la Corte Suprema de Justicia. Mire el Senado. Fui senadora por primera vez en diciembre de 1995, un senado que se fue deteriorando cada día más hasta que terminó con el escándalo de los sobornos. Me voy de este Senado como presidenta. Daniel Scioli, Alberto Balestrini, Celso Jaque, Jorge Capitanich se van elegidos para gobernar sus provincias. De este Parlamento denostado por opositores y comunicadores se va, legitimado, el oficialismo, los que defendíamos públicamente al gobierno. El Parlamento real no tiene nada que ver con lo que dicen los medios. Disculpen si estoy monotemática...

–No nos habíamos dado cuenta...

–... pero creo que los medios ocupan hoy en la región un lugar que antes ocupaban otros sectores respecto de ser los que tratan de condicionar a los gobiernos de ciertos signos políticos, populares democráticos. No es una percepción exclusiva mía. Me contó Isabel Allende que los noticieros de una hora en Chile destinan tres cuartos a informar sobre hechos de violencia, a machacar sobre el tema. Hay una direccionalidad de la información sobre inseguridad. Escuché a un comunicador contar que una persona entrevistada le dijo a un encuestador “¿de qué me sirve ganar más plata si me van a matar?”. No importa tener gobiernos que consigan trabajo o que mejoren el poder adquisitivo de los trabajadores, lo importante es que den seguridad...

–Respecto de ese tema. Se ha criticado la unificación de Justicia y Seguridad, básicamente porque se juzga que sea el mismo ministerio el que se ocupe de los derechos humanos y de la policía. Una parte sustancial de la acción de los organismos de derechos humanos son denuncias y acciones sobre delitos, excesos y abusos policiales.

–Emilio Mignone, hace muchos años, hablaba de la tensión que hay en democracia entre el valor “seguridad” y el valor “derechos humanos”. Siempre existe esa tensión pero lo más adecuado es que la Justicia gestione ambos, retomando lo que fue habitual. Sí, me parece adecuado. No creo que la seguridad sea un problema en sí mismo, objeto de planes aislados separados del modelo económico social, de la educación.

–¿Tiene prevista alguna medida para acelerar o facilitar los juicios a los represores por violación de derechos humanos?

–Conozco un proyecto del radicalismo redactado por Ricardo Gil Lavedra, puede haber algún otro. Me preocupa que ese proyecto permita que se acumule prueba de otros expedientes sin que los acusados hayan podido controlarla. Puede afectar el derecho de defensa y colocarnos en horrible posición. No quiero, en ningún aspecto, afectar la legalidad de los juicios. La legitimidad de la lucha por los derechos humanos tiene mucho que ver con su legalidad. A los represores se les dan todos los derechos que consagra la Constitución.

–Así debe ser. Pero subsiste un problema, que se expresó en la trágica desaparición de Julio Jorge López. La repetición de la prueba genera una serie de dificultades para el avance de los juicios y de sobreexigencias (y peligros mayores) para los testigos.

–Sin lugar a dudas. Un camino puede ser unificar causas en función a los centros de detención, creo que hasta la defensa de Febres había propuesto algo así para justificar su conducta frente a la de sus jefes. Hay que ser muy cuidadosos, no hay que poner en tela de juicio al debido proceso.

¿Reforma?

–Trascendió que existe la intención, durante de su mandato, de promover una reforma constitucional.

–Ah, bueno... Le puedo dar un listado así de largo (lo grafica dejando un buen espacio vertical entre sus manos) de cosas que han trascendido.

–Hablemos mejor sobre si hay o no intención de reformar la Constitución.

–¿A alguien se le ocurre hablar de una reforma y yo tengo que salir a contestar? También dijeron que íbamos a sacar la sala de periodistas de la Casa Rosada.

–Por ahí ese cambio figuraba en la reforma constitucional.

–(Risa) ¿Por qué tengo que desmentir lo que inventan? No me parece una buena metodología.

–No le pedimos una desmentida, sino una respuesta. ¿Cree que éste es un buen momento para una reforma constitucional?

–No, porque nunca se nos ocurrió. No lo veo, por parte del Gobierno.

Moción para otro
reportaje y cierre

–¿Van a construir alguna estructura política para la Concertación plural y para otros eventuales aliados como socialistas o el Frente Grande?

–Eso debería ser motivo de un reportaje a Néstor Kirchner, que va a tener mucho tiempo y les puede dar pormenores. Quien tiene que conducir los destinos de todos los argentinos tiene bastante con ocuparse de la gestión del Estado.

–¿Su idea es que el Presidente...?

–... tengo que mantenerlo ocupado (risas).

–¿Es una ocupación útil o pura laborterapia?

–El es un animal político, toda la vida ha construido política, toda la vida ha participado. Lo va a seguir haciendo. Volviendo a la estructura, es difícil proyectar porque uno interactúa con montones de cosas. Son cosas que van confluyendo. Uno no puede sentarse y diseñar la política como si fuera construir una casa... Hay mucho de trabajo cotidiano. Sí creo que debemos reconstruir un sistema de partidos políticos, con partidos que tengan que ver con un proyecto y que no todo dependa de la voluntad de una o dos personas. Cuando explota el sistema de representación, especialmente el partido radical, no se ve cuál va a ser el desarrollo de la política en el siglo XXI.

–¿Cómo imagina ese desarrollo, cómo aspira a que sea?

–Imagino espacios populares y democráticos donde los partidos se reagrupen respecto de grandes temas: la distribución, el posicionamiento en el mundo, la interrelación con la región, el respeto irrestricto a los derechos humanos. El radicalismo se acomoda, en el siglo XX, en la lucha contra el “régimen falaz y descreído”, contra el fraude, por el sufragio universal. El segundo partido del siglo, el peronismo, se ubica en torno a la justicia social. El tercer partido fue el militar, que se encargó de representar a los sectores más concentrados, que no podían llegar al poder mediante el sufragio. El problema es cómo se agrupan los nuevos partidos en el siglo XXI, en relación a qué tópicos. Y lo que debemos preguntarnos es quién cumple ahora el rol de representar a los sectores más concentrados.

–¿Cómo responde usted esa pregunta?

–Para mí, está claro que nosotros (este espacio político que represento) nos estamos agrupando en torno a una mejor distribución del ingreso, la vigencia irrestricta de los derechos humanos. Y si uno escucha los discursos que se plantearon durante la campaña, no todos... No me gusta hablar de los dirigentes de la oposición. Sería bueno que fueran agrupaciones más orgánicas, no tan centradas en una figura y que propusieran algo más que slogans. Y asumir a quién representan. Cuando uno escucha críticas a las retenciones al campo o a los juicios a las violaciones de derechos humanos, está claro. No soy yo la que tiene que clasificar eso, sería una clasificación interesada. Pero no vi en letras de molde clasificaciones exactas que dijeran “quien tiene esa posición, normalmente, es de derecha”.

–Dentro de lo que se reconoce como centroizquierda o lo que usted define como espacio popular y democrático hay otras fuerzas que comparten en líneas generales ese ideario. Por ejemplo, podrían ser los gobernadores Hermes Binner o Fabiana Ríos. ¿Ustedes deberían darse una política especial respecto de ellos?

–Esa pregunta deberían hacérsela a ellos, no a nosotros. Nosotros hemos tenido, desde el principio, una política respecto de esos sectores, muchos de sus dirigentes ya están con nosotros. Jorge Rivas, Ariel Basteiro, muchos dirigentes de la CTA. Este espacio que afecta intereses minoritarios, pero muy poderosos, debe contar con mayor sustentabilidad política y social. No es casual el diseño que se dio en estas elecciones, convocando a hombres y mujeres del radicalismo (en especial el que gobierna provincias) y del socialismo.

–La representación republicana es muy compleja. Usted fue elegida por una amplia mayoría y, desde ese mismo momento, representa a todos los argentinos, incluyendo aquellos que no la votaron. Hay un 55 por ciento que no votó Frente para la Victoria. ¿Se le ocurre algo para decirles, especialmente a ellos?

–No me parece representativo, ni democrático, ni republicano intentar representar al cien por ciento. Es una de las principales cuestiones que se están planteando en Europa, la indiferenciación de proyectos incide en el desapego a la política. Hay un excelente libro, “En torno a lo político”, de Chantal Mouffe, que aborda esta cuestión. Institucionalmente represento a todos los argentinos, soy la presidente, es claro. Pero no voy a poder representar (hace comillas con los dedos índice y mayor de las dos manos) “lo que todos quieren” porque la representación de intereses no es lo mismo que la institucional. Sobre todo en economía, las decisiones en economía no son neutras. Si uno mejora la participación de los trabajadores en el PBI, el otro sector deja de percibir una parte. Lo que tengo que buscar son las decisiones para que la mayoría de los argentinos viva mejor porque, en definitiva, también los demás recibirán beneficios en otros aspectos, por ejemplo en la calidad de vida. La modificación de la distribución del ingreso puede restarles algo pero les conviene vivir en una sociedad integrada, sin ghettos, que es el paisaje que suele verse en otros países de la región y que no terminó de llegar a la Argentina. No aspiro a representar al cien por ciento de los argentinos pero sí a una enorme mayoría. Con un modelo inclusivo, con menores índices de pobreza y de indigencia, con mayores exportaciones, más industrial, casi todos mejorarían.

–¿Para qué le jugó o le juega a favor ser mujer? ¿Para qué le juega o le jugó en contra?

–No creo que me juegue a favor. Mejor le contesto esa pregunta en un tiempo. Michelle Bachelet tuvo esa experiencia y dijo que “se juzga distinto al hombre y la mujer. Si el hombre grita, es enérgico, tiene autoridad. Si la mujer grita no tiene control, es una histérica”. O sea, siempre es más difícil ser mujer. En el senado me pasaba argumentar algo y no me hacían caso, era como si pasara un carro. Un hombre decía lo mismo y lo aceptaban. Me daba una rabia. Vamos a tratar de quebrar la racha histórica de género.

–¿Hay contenidos específicos de género que está dispuesta a promover? ¿Salud reproductiva, aborto?

–Saben que no estoy por la despenalización del aborto. Respeto todas las opiniones, no me sumo a los que estigmatizan a nadie. Mis ideas pueden tener que ver con que pertenezco a una generación en la que la mujer estuvo a la par del hombre, ni por arriba ni por abajo. No creo en los avances individuales, etarios o de género por fuera o independientemente del modelo político. En las sociedades donde hay buena distribución del ingreso, protección de los derechos humanos hay mejores posibilidades de recolocación de género.

domingo, 4 de novembro de 2007

Cristina Fernández, presidenta

Página12

Por José Pablo Feinmann

(...) Retorno a mi tema: ese “de” que se les aplica a las mujeres casadas es una injuria a su individualidad. No acepto que mi mujer sea “de Feinmann”. ¿Cómo? Yo no quiero a mi lado a una mujer que sea “mía”. “Mía” es mi computer. “Mío” es mi sacapuntas a pilas y que nadie se atreva a robármelo. “Mío”, a veces, soy yo. Pero mi compañera es “de ella”. Tiene su nombre. Tiene su densidad ontológica. Sólo así puede ser mi compañera. Sólo no siendo mi posesión. Ese “de” que se les aplica a las mujeres cuando pierden, al casarse, su apellido es una vejatoria conquista de la vieja burguesía machista que amasó entre brutalidades históricas su perenne poder. Nadie es “de” nadie. El esclavo es “de” su amo. Pero toda mujer es libre: lo quiera o no. Cierto es que son muchas las que quieren ser “de” alguien. Está lleno de mujeres que se comportan como los hombres quieren y necesitan que lo hagan. Lleno de mujeres que actúan en contra de las mujeres. Lleno de mujeres que quieren ser “de” alguien para vivir tranquilas y que el tipo las mantenga y criar a sus hijos o hijas y preparar la comida y ver algo o mucho de tele y ser para siempre absolutas tontas, irrecuperables idiotas. Escuché a una, desafiante, decir: “Y bueno, qué hay, soy así: clase media, tarada y cobarde”. Lo dijo luego de justificar y reclamar policías, muchos policías por todas partes para controlar la inseguridad. Porque si consiguió la seguridad de ser “de” alguien no va a aceptar que se la arruinen esos “negros de mierda” que andan afanando a los triunfadores de la vida. Están esas minas que trabajan en la tele de ratoneadoras profesionales. Ya sabemos: las del caño del muchacho que sonríe y le grita a un micrófono. (Digresión: ¿no es increíble sostener un micrófono y gritar? Uno grita si no tiene un micrófono. Si lo tiene, no grita. Porque un micrófono es un aparato que amplifica el sonido. Si a la amplificación del sonido le añadimos el grito, ¿qué es lo que resulta? La sordera, el aturdimiento del receptor. Bien, eso quiere la TVVómito: receptores aturdidos, conciencias sordas.) Volvamos: las chicas del caño. ¿Qué hacen estas señoritas? ¿Tienen nombre? No. ¿Apellido? No. O, en todo caso, a nadie le interesa. Tienen un culo. Son, todo ellas, un culo. Y son felices por serlo. Han aprendido a sacarlo hacia atrás, exhibiéndolo. Uno ve la tele, ve las revistas de los kioscos, las propagandas de ropa interior y no hay caso, no puede zafar: lo invaden los culos. El mundo de la culocracia es el de la mujer sin rostro. Ni nombre, ni apellido, ni cara, nada. Sólo culo. Los hombres han conseguido en el siglo XXI lo que nadie consiguió en toda la historia humana. La creatividad de los diseñadores de moda (todos o casi todos hombres) ha creado su obra maestra: la mujer culo. Esa obra maestra se ve en los llamados desfiles de moda (que son, en verdad, desfiles de culos flacos), en las playas, en los caños del joven que grita y sonríe, millonario y poderoso hasta la náusea porque encarna el sentido profundo de la historia que vivimos y el papel que en ella los hombres les han asignado a las mujeres: o son “de” alguien o son vigorosos, circulares, anónimos culos para excitar a la gilada.

Todo esto para decir que yo no le voy a decir “Cristina” a “Cristina”. Lo aclaro tempranamente (no bien acaba de ser elegida “presidenta”), porque sin duda habré de nombrarla en varios textos que vendrán. Además “Cristina” no merece ser “Cristina”. Tampoco merece ser “de” Kirchner. Todos conocemos a Cristina Fernández antes que a Néstor Kirchner. Cristina Fernández era senadora y Néstor Kirchner gobernaba una provincia lejana de los “centros urbanos”, de moda hoy en día. Cristina Fernández fue militante de la izquierda peronista en su juventud y de ahí le viene buena parte de su formación política. No se hizo de la noche a la mañana. Fue una militante política que se construyó a sí misma a través de los años. Yo, a Cristina Fernández, le voy a decir “Cristina Fernández”. Tampoco le voy a decir CFK –como se intenta ya imponer– porque la “K” implica el “de” Kirchner. Y también remite al JFK de Ke-nnedy. O al JPF que –quienes reciben mis mails lo saben– uso, con atroz inmodestia, yo. Tampoco le voy a decir “presidente”. Ni loco. Decirle “presidente” a una mujer conlleva la soberbia machista de usar la fórmula masculina de la palabra como “universal”. A todos los presidentes se les dice “presidente”. ¿Y por qué no “presidenta”? O sea, para mí, Cristina Fernández será la “presidenta” y no el “presidente” de este país. Porque será a ella, a Cristina Fernández, la presidenta argentina, a quien le voy a pedir, a riesgo de importunarla o ponerla, a veces, de malhumor o francamente encolerizada, que trabaje por la posibilidad imposible de un capitalismo nacional o más humanitario, que haga una reforma impositiva para redistribuir el ingreso, que bajen las tasas de los bancos para que los créditos no sumerjan o esclavicen a quienes los toman, que dialogue con la oposición y hasta que colabore para que esa oposición (que es un mamarracho patético) exista porque la democracia la necesita, que mejore la salud, la educación, la vivienda, que no prorrogue (no, por favor) las licencias de los medios de comunicación letrinógenos, que no se dé por contenta con el monocultivo de la soja porque el monocultivo condenó a la Argentina a ser siempre una factoría del imperio de turno, que frene la inflación del único modo posible: frenando la gula del empresariado oligopólico, extranjerizado, que la gente sencilla de este país, a la que sobre todo deberá llegar, la va a entender mejor si dice “mujer” en lugar de “género”, si dice “sociedad” en lugar de “tejido social”, que se oponga al ALCA, que se maneje bien con Evo, con Lula y (con cierta cautela) con Chávez, que sepa, que no olvide ni un solo día de que en este país rico hay hambrientos sin retorno, enfermos que mueren y podrían curarse, chicos sin escuela, chicos sin infancia, chicos perdedores, todo esto, en suma, le voy a pedir a ella, porque ella es ella, tiene su nombre y su apellido, no es “de” nadie y –si algo es– es lo que este país le encargó que sea: su presidenta.

Porque es mujer

REFLEXIONES SOBRE GENERO TRAS LA ELECCION DE CRISTINA KIRCHNER



El voto del domingo pasado pone al país en un club todavía pequeño, de los que fueron o son gobernados por mujeres. ¿De qué manera el género condiciona al gobernante? ¿Ventaja, deber o resquicio para los ataques? Dos puntos de vista sobre un tema que recién empieza.

Página12

MARTA DILLON

¿Y cómo gobierna una mujer?

Hay un dicho bastante soez pero no por eso menos común que llama a las mujeres a “aguantar las cachas” como sinónimo de resistir o mejor, de aguantar algún mal momento o bien un exceso de gimnasia. Aguantar las cachas es ni más ni menos que cerrar las piernas, mantener los músculos apretados y así contribuir a que pase el temporal, la sesión de sentadillas, el momento difícil. Las piernas cerradas... Difícilmente se pueda hallar una figura más conservadora para graficar lo que se les exige a las mujeres desde tiempos inmemoriales: que se sienten como señoritas, que junten las rodillas, que la luz entre los muslos sea sólo producto de haberlos torneado finamente. Trasbordar estos conceptos a lo que se espera de una mujer en el gobierno puede resultar una operación arbitraria, sin embargo que sostengan la gobernabilidad –que “aguanten”– es tanto una exigencia como un interrogante que se abre aun cuando la mujer en cuestión no exhiba datos de debilidad o de falta de apoyo popular. No se trataría de una mujer en particular sino de “la mujer”, esa entelequia inexistente que pretende hacer aparecer al género como una unidad, un otro –otras–- uniforme y parejo en relación con la multiplicidad de maneras de ser hombre. Siguiendo este hilo de pensamiento, pareciera que los logros de una tiñen tímidamente al resto y los fracasos en singular se transforman rápidamente en lo que las mujeres no pueden hacer o no deben hacer o hacen de determinada manera.

¿Y cómo gobierna una mujer? Que para el sentido común del largamente arraigado machismo sería lo mismo que preguntarse ¿cómo gobiernan las mujeres? Revisando a vuelo de pájaro la experiencia internacional se podría decir que atentas, sobre todo, a la gobernabilidad, ya que la embestida misógina no viene de la oposición sino que es transversal. Le sucedió a Michelle Bachelet en Chile a pesar de haberse sostenido con poca zozobra en el Ministerio de Defensa cuando su antecesor Ricardo Lagos era presidente y haber dejado claro que no era precisamente débil. Aun así, una vez en el Palacio de La Moneda la gobernabilidad se forjó nombrando a algunos personajes ligados a la derecha que allí permanecen, como su canciller Alejandro Foxley. Es cierto, ella se reúne con los líderes de centroizquierda, pero parece un gesto para la foto –¿la posteridad?– más que un ejercicio práctico de gobierno. De la alemana Angela Merkel no hay mucho que decir, ya que ella llegó al poder asentando sus reales a la derecha del anterior gobierno y habiendo iniciado el camino desde la oposición. Otros nombres de presidentas se pueden recordar –Corazón Aquino, Violeta Chamorro, Benazir Bhutto– y siempre estaremos en el mismo hemisferio político. ¿Será responsabilidad de la izquierda –que la tiene, la tiene– o será que el solo hecho de ser mujer da patadas tan sensibles a los atrios del poder que además sumar progresismo sería demasiado?

De todos modos, una mujer no son todas las mujeres. Ni tres ni cinco ni diez son todas las mujeres. Cristina Kirchner no es Bachelet y hasta ahora no la han obligado a hornear galletitas como a Hillary Clinton, que cada tanto debe ocultar su inteligencia si quiere que el electorado norteamericano no le sea esquivo. O lo que es peor, votar a favor de la continuación de la ocupación en Irak so pena de que la consideren débil. ¿Por demócrata? No, por mujer.

Cristina K. no tiene definiciones tan escandalosas como las que se dan en el país del norte y hasta cuesta en los márgenes de nuestro sistema político definir izquierda o derecha más allá de determinadas políticas que modificarían la vida privada y por lo tanto también la pública, como puede ser el matrimonio entre personas del mismo sexo, la paridad de género asegurada por ley, la despenalización del aborto –en fin, buena parte de la agenda feminista–, y también la política en relación con la seguridad y los derechos humanos. En este sentido, la venia de la Iglesia Católica a las primeras palabras y gestos de la presidenta no parecen muy auspiciosos, al menos para quienes buscan un Estado laico. Asusta sobre todo porque buena parte de la beligerancia de la Iglesia hacia el Gobierno en el último tiempo fue en respuesta a políticas que de algún modo les quitaban poder a las sotanas sobre el cuerpo de las mujeres, templo exquisito del disciplinamiento católico. Habiendo una mujer ahí, en la punta de la pirámide política, ¿que querrá la Iglesia con esta venia por escrito que acaba de enviar a la presidenta? ¿Afianzar lazos, contribuir a la gobernabilidad? ¿Cuánto habrá que ceder para eso?

Néstor Kirchner pudo gobernar sin la Iglesia de su lado, como también gobernó sin grandes represiones al conflicto social –aunque las hubo, sobre todo en las provincias–, incluso se dio el gusto, al principio de su gobierno, de obligar al entonces jefe del Ejército Roberto Bendini a descolgar los cuadros que entronaban a los represores. Esos gestos, esas rupturas antes de este presidente impensadas ¿cómo se verían llevadas a cabo por una mujer? ¿Cuántas chances hay de que se la acuse de loca, histérica u otros epítetos que con tanta facilidad aparecen para juzgar a las mujeres?

La pregunta sobre si Cristina podrá gobernar sin tener que moderar su discurso y la herencia de su marido hasta limarla de esas asperezas que tanto irritan a la derecha puede ser fruto del miedo, la paranoia o la falta de experiencia. Pero ahí está, sobrevuela a través de la experiencia de otras mujeres. Hay un dato a favor, sin embargo, y se puede leer también en su discurso inaugural el domingo pasado y fue cuando pidió apoyo a sus “hermanas de género”. Por primera vez la presidenta nombraba esa palabra, “género”, y apelaba a sus iguales. Las hay en sus filas, mujeres que saben de qué se trata tanto la perspectiva de género como las posibles reacciones misóginas y que seguramente podrían colaborar en esa ingrata tarea de aguantar las cachas, no para cerrar las piernas sino para barrenar sobre las olas de los tiempos que vienen.



SANDRA RUSSO

La trampa patriarcal

Las últimas palabras que pronunció la presidenta electa, las que repitió mientras su voz ya se alejaba del micrófono el domingo pasado, después de celebrar el triunfo, aludieron a la conciencia de género. Si hubiese ganado Elisa Carrió, probablemente también habría mencionado la conciencia de género. Estas mujeres, que piensan políticamente de maneras tan opuestas, desde hace mucho tiempo han hecho suya esa bandera, la comparten, como tantas otras mujeres que no tienen entre sí más puntos en común que esa conciencia de pertenecer a un género históricamente tan discriminado. Hace medio siglo no votábamos.

La palabra género, que Cristina K. soltó y dejó flotando en el aire, tiene a su vez una historia que incluye batallas argumentales, horas de negociaciones y urgentes consultas diplomáticas. Desde todo el mundo, mujeres que ya tenían conciencia de género peleaban hace una década, en Beijing, para que las Naciones Unidas adoptaran la palabra género en lugar de sexo. Esa era la puerta que permitiría, en una larga cadena de causalidades, cambios políticos, interpersonales y sociales. El Vaticano se oponía, y presentaba una resistencia virulenta, encarnizada.

Había muchísimo en juego. “La lucha por el poder es la lucha por el lenguaje.” Esa cita de Barthes nunca fue tan explícita. Y es que con el sexo se viene al mundo, se es hombre o mujer, se vive, se desea de determinada manera, y en nombre del sexo también durante más de dos mil años se trató a las mujeres como seres de outlet. La palabra género, en cambio, se abre como un capullo en su campo semántico, presupone que nada de lo que nos parece femenino o masculino es un atributo “natural”, y que lo femenino y lo masculino, más allá del sexo biológico, son construcciones culturales, es decir: históricas, políticas.

Esa fue una de las últimas grandes batallas que perdió la Iglesia Católica, puesto que hasta fieles devotos como Carrió tienen conciencia de género. Se instaló esa conciencia que permitió rápidamente no sólo leyes de cupo, sino miles de conquistas cotidianas. En la Argentina, las tres candidatas presidenciales, Cristina K., Elisa Carrió y Vilma Ripoll, hablando de todo esto, se puede presumir que estarían de acuerdo. La conciencia de género ya es un escalón sobre el que están paradas todas las mujeres que hacen política.

Sin embargo, ese consenso entre mujeres que diferencia esta época de aquella en la que nació el peronismo no impedirá, creo, que Cristina K. como presidenta no se ahorre algunos esfuerzos por el solo hecho de ser mujer. Algunas caricaturas con ella hablando en público y Kirchner manejándola como a una marioneta son las primeras pistas de una previsible mala imagen entre los que no la votaron.

El prejuicio de convertir a Cristina K. en un títere niega la posibilidad de que un hombre y una mujer dedicados a la política compartan un proyecto. Es un chiste sexista. Un resabio que hace suponer que a una presidenta mujer le soplan lo que tiene que decir al oído. Y tampoco es inocente, porque ancla en una imagen que está en el inconsciente colectivo argentino, aquella de López Rega dictándole en la oreja un discurso a Isabel.

De todos modos, aunque Cristina K. no parezca en absoluto una mujer que necesita libretos, aunque efectivamente no lo sea, y en cambio es evidente que los K son casi un organismo que empuja la misma piedra, el prejuicio permanecerá. Y habrá desde la oposición una mirada que estará atenta a las estupideces del botox o las carteras. Ser mujer será un flanco político, porque a fuerza de repetir estupideces sobre alguien, se lo carga de estupidez. Es una simple operación de imagen.

Es esperable que al menos las mujeres, sea cual fuere nuestra posición política, sepamos distinguir los argumentos razonables, y cuáles encierran la trampa patriarcal de atacar a una mujer por ser mujer.

Inversiones y Pacto Social, las prioridades económicas de Cristina

Los economistas más cercanos a la Presidenta electa ya definen medidas e instrumentos.

Por: Marcelo Canton
Clarín

Los economistas más ligados a Cristina Kirchner ya están trabajando en una decena de temas, buscando apurar la instrumentación rápida de medidas después del 10 de diciembre. Pacto Social e inversiones forman la agenda más urgente.

En el listado (nunca definitivo, claro) de quienes están abocados a esa tarea se encuentan Miguel Peirano, Martín Redrado, Beatriz Nofal y Mercedes Marcó del Pont. Y en sus manos, aseguran fuentes oficiales, ya están diseñándose políticas e instrumentos. Algunas, incluso, están empezando a ponerse en marcha para que impacten plenamente cuando asuma la nueva administración.



1. > Pacto Social. Es una de las bases de la estrategia económica de Cristina Kirchner. Busca consensuar aumentos de salarios, inversiones, precios. La clave, dicen quienes trabajan en este proyecto, estará en el cambio de los plazos de la negociación salarial, hoy anual, y que intentarán que sea a tres años. Se discute qué variables se incluirán para ajustar los salarios. Estará la inflación, claro, aunque aún no está definido si será la del año anterior o la esperada para el año siguiente. También la productividad ("si los salarios siguen sólo los precios terminan siendo una nueva presión inflacionaria", dicen). Además habrá otro punto para ajustar sueldos, la distribución de la riqueza, buscando incrementar la participación del salario en la torta del PBI.



2. > Consejo Económico Social. Es una institución que se crearía (hoy discuten la forma) integrada por empresarios, gremialistas y académicos. Se le girarían temas relativos al mundo laboral y de la competitividad, sobre los que emitiría dictámenes no obligatorios para el Poder Ejecutivo, pero que "enriquecerán el debate".



3. > Club de París. Es el primer desafío de la nueva gestión. La administración de Néstor Kirchner no pudo cerrar el acuerdo antes del 10 de diciembre, como pretendía inicialmente, para que Cristina lo anunciara como primer acto de gobierno. Ahora aseguran que el acuerdo se haría "durante el primer semestre del año". El paso inicial es hacer algún tipo de acuerdo con el FMI. "Vamos a ver si el titular del Fondo, Dominique Strauss-Kahn, cumple con sus promesas de facilitar las cosas", dicen los técnicos. En dos semanas, en Sudáfrica, una delegación oficial aprovechará una reunión del G20 para adelantar charlas informales con socios del Club de París. Al margen de esa discusión, vendrá una delegación del FMI a a repasar las cifras de la economía local, en lo que se llama revisión Artículo 4. Acordaron que llegue al país en el segundo trimestre del 2008, para que no implique una presión ni bien asuma Cristina.



4. > Impuestos. Los economistas que rodean a Cristina Kirchner descartan una reforma impositiva, al menos en el inicio de su gestión. Los cambios que se discuten hoy en este rubro serían implementados por Néstor Kirchner: la suba de 3 a 10 puntos a las retenciones al trigo, maíz y soja, para recaudar unos 1.000 millones de dólares adicionales, y la posibilidad de desgravar impuestos para las pymes que compren maquinarias.



5. > Dólar. En los próximos meses, seguirá la misma política de "flotación administrada" que hasta ahora. El techo virtual de $ 3,20 seguirá presente, aunque "con flexibilidad", siguiendo los movimientos internacionales. "Los argentinos no estamos preparados para la libre flotación, porque el dólar se mueve un 1% y se genera incertidumbre en la gente", dicen los técnicos. El tipo de cambio no se indexará por la inflación. El objetivo último (al igual que para la política monetaria "prudente" que se implementará) es moderar las expectativas de inflación.



6. > Inflación. Para algunos de los economistas que consulta Cristina Kirchner "la inflación ya está en el umbral de lo tolerable". Pero, sin embargo, consideran que "no hay nada mágico" que pueda hacerse más allá de moderar las expectativas consolidando el superávit y controlando el dólar. Y, con ese mismo objetivo, normalizar la situación del INDEC. "Pero lo que hay que lograr es incrementar la oferta de productos con más inversiones", diagnostican.



7. > Inversiones. Es uno de los ejes centrales para los economistas cristinistas. Tanto para aliviar presiones inflacionarias como para sostener el nivel de crecimiento. Pretenden que la inversión, que hoy ronda 23% del PBI, crezca "3 o 4 puntos". Creen que oferta de crédito hay, pero que para las empresas el acceso es difícil. Lanzarán a principios de año algunos instrumentos en ese sentido, como una garantía para que las compañías no sean afectadas por la volatilidad de tasas de los préstamos. Darán recursos para alimentar fondos de inversión de capital de riesgo, para aportar a empresas que necesiten desarrollarse. Se sumarán recursos del BID y del Tesoro. También el fisco aportará capital a empresarios que tengan una idea pero no recursos: será a través de las redes de "inversores ángeles", de gestión privada, que ya hacen esa tarea. Una segunda ronda de discusión se lanzará avanzado el 2008: medidas para mejorar el ambiente de negocios, punto que plantean empresarios extranjeros.



8. > Acuerdos de precios. Seguirán a la orden del día, aunque con un cariz distinto a los que ha hecho Guillermo Moreno. "Son una herramienta útil, pero deben ser más eficientes. Hay que hacer una estructura más sofisticada para poder regular y controlar a las cadenas de producción y comercialización", dicen.



9. > Superávit. El objetivo de Cristina Kirchner es que el superávit fiscal primario -sin computar el pago de los intereses de la deuda externa- esté en alrededor del 3,5 por ciento del PBI. En ese sentido, el Gobierno de Néstor Kirchner ya puso en marcha un paquete de medidas que buscan recuperar el saldo fiscal. Por un lado, mejorarían los ingresos con la suba de retenciones. Y por el otro se empiezan a ralentizar las obras públicas, para aligerar el gasto público, además de subir las tarifas, para achicar los subsidios a la energía, que suman 4.000 millones de dólares.



10. > Tarifas. Después de los ajustes que el Gobierno impulsa para reducir subsidios, la siguiente etapa será una normalización de las tarifas. Se avanza ya con la renegociación integral, que determinará cuáles serán los mecanismos definitivos de ajuste periódico de los servicios. Estas comenzarán a aplicarse desde febrero (en el caso de la electricidad) e implicarán ajustes para casas de familia, pero con "tarifa social" para los más pobres.