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sábado, 8 de dezembro de 2007

Doris Lessing recuerda a los que nunca conseguirán el Nobel

La ganadora del Nobel de Literatura 2007 se abstrajo de agradecimientos y menciones a su persona para dedicarle el premio a los que, por falta de acceso a la cultura, jamás desarrollarán su talento literario.

AUSENTE CON AVISO. Nicholas Pearson, editor de la autora, habla en Estocolmo en representación de la Lessing que parecería vigilarlo desde el retrato. (EFE)

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"Sobre no ganar el premio Nobel" fue el título de la conferencia, que leyó su editor en Reino Unido, Nicholas Pearson, en el Gran Hall de la Academia Sueca, después de que Lessing anunciara su ausencia en la capital sueca al aducir problemas de salud.

Sí estuvieron su hija Jean y sus nietas Anne y Suzanna y, a pesar de la ausencia de la homenajeada, dejó constancia de su indeleble compromiso con las injusticias del mundo. "Aquí estoy hablando de libros nunca escritos, escritores que nunca lo serán porque los editores no están allí. Voces sin escuchar. No es posible evaluar este gran desperdicio de talentos, de potencial", argumentó la octogenaria novelista.

Así, pese a que la medalla del Nobel de Literatura dicta en latín "Inventos que realzan una vida, embellecida a través del arte", la ganadora del premio Príncipe de Asturias de 2001 no cesa, en una carrera de más de medio siglo de denunciar las injusticias que azotan al mundo, desde la pobreza al sexismo o a la desilusión ideológica.

La escritora de El cuaderno dorado (1962), nacida en la antigua Persia hace 88 años, recuerda cómo el anterior ganador del premio, el turco Orhan Pamuk, V.S. Naipaul o John Coetzee, consiguieron brillar por su literatura en países pobres porque tenían "una íntima conexión con las bibliotecas, los libros y la tradición", aseveró en el discurso reseñado por EFE.

Lessing, que compensó su falta de estudios con un hambre voraz por la lectura y una vida apasionante, incidió en que "los poblados, al contrario de lo que la gente asegura, están llenos de gente inteligente, de maestros retirados (...) la gente tiene las mismas ansias de lectura que en Europa".

La escritora también le dedico algunos párrafos a la situación del mundo actual. "Vivimos en una cultura de ruptura, donde nuestras certezas de hace unas pocas décadas están siendo cuestionadas y donde es común que hombres y mujeres hayan tenido años de educación para no saber nada sobre el mundo, para no leer nada".

La autora suele encontrarse con gente que pasa las horas en internet, en determinadas zonas de Asia, África y Latinoamérica, lugares que gozan –según su consideración de lo más importante para escribir: "Encontrar ese espacio vacío (...) que es como una manera de escuchar, de atender, al que llegan las palabras, las palabras de los personajes que hablan, ideas, inspiración".

"Pienso que la mujer que estaba hablando sobre libros y una educación cuando no ha comido en tres días, quizá nos defina a nosotros mismos", concluyó, haciendo referencia al poder de la ensoñación ejemplificado en una ficticia madre desesperada de la India que lee Anna Karenina, de León Tolstoi.

Con la obtención de este premio Nobel, que será entregado a Pearson el lunes, Lessing se convierte en la undécima mujer que ostenta el galardón, el cuarto de los cinco instituidos por el químico e inventor sueco Alfred Nobel (1833-1896) y que son otorgados anualmente la Academia Sueca de la Lengua "al autor de la obra literaria más notable de inspiración idealista".

Fuente: EFE

sábado, 10 de novembro de 2007

"La guerra y la memoria no acaban nunca" -- Entrevista con Doris Lessing


ADNCultura.com

LONDRES._En esta casa confortable, de clase media alta pero modesta, en la que vive Doris Lessing en el noroeste de Londres, se nota que su inquilina es la última premio Nobel de Literatura porque aún quedan en los rincones algunas flores de las que fue recibiendo desde el jueves 11 de octubre. Estuvimos con ella en la víspera de su 88º cumpleaños. Tenía catarro, estaba preocupada por el malhumor de su gato y nos contó que acababa de terminar una novela sobre la guerra y sus padres, "un libro lleno de rabia y de coraje".

Cuando se supo que la autora de El cuaderno dorado y Canta la hierba era premio Nobel de Literatura, Doris Lessing estaba en el hospital con su hijo inválido, al que cuida. A ella no le sorprendió el premio, del que se venía hablando desde hacía décadas. Han aumentado las llamadas y las entrevistas, y ella acoge este interés súbito con la indiferencia con que asiste a su propia fama; sabe que esa popularidad es volátil.

La casa es un remanso de paz; en todas partes tiene libros, y ahora lee mucho sobre la Guerra Civil española, un episodio que llenó de rabia y de interés a su generación. Habla de esa contienda con "la misma rabia" con que habla de las guerras que sufrieron sus padres, sobre cuya experiencia acaba de escribir un libro. Nosotros le llevamos champán y un cuaderno, y le hicimos preguntas que ella respondió a veces con pasión, como si por dentro se le estuviera removiendo, siempre, el fantasma de las guerras que ella sufrió con otros. El gato se fue misteriosamente de nuestro alcance, ella se sentó casi en el suelo, al lado de un libro de Yeats que estaba leyendo, en el piso de arriba de su casa. A la entrada, cuando nos íbamos y reapareció el gato que adora, el suelo de la puerta de entrada estaba repleto de correspondencia, que ha aumentado con esta fama redoblada que le ha traído el Nobel. Pero nada más llegar nos lo dijo: "Primero fue el Príncipe de Asturias". Ahora está segura de que sus editores (Lumen, en España) la pasearán otra vez, y aunque ya no está para trotes, no sería extraño que la viéramos recorrer cualquier sitio de ese país cuya historia ("y cuyas heridas") siempre están en su memoria.

-¿Cómo está usted ahora, después del ajetreo del Nobel?

-¿Me lo pregunta en serio? Pues tengo tos, una ligera diarrea y cistitis. Pero, aparte de eso, estoy muy bien, gracias. Lo que tengo es por culpa del estrés. El estrés del Nobel. Suena el timbre de la puerta, vienen ustedes a verme, el teléfono no deja de sonar, y así todo el día. Y el gato está molesto, ¿no lo ve?

-Pero este Nobel es una buena noticia, aunque no sea una sorpresa.

-Sí, está muy bien. Ahora tengo muchos premios, éste, el de Asturias, y todo eso está muy bien.

-Rosa Montero, la escritora española que la entrevistó hace nueve años, escribió que le parecía una explicación "errónea e injusta" la nota con la que la Academia Sueca explicó la razón por la que la premiaban...

-¡Y estoy de acuerdo con ella! Eso de "la épica femenina" no me gusta mucho, eso de poner a hombres y mujeres en campos distintos no me parece lo más adecuado... Así es como yo lo veo, pero es evidente que a la gente le gustan las etiquetas: hombres, mujeres, el bien, el mal...

-El Nobel le da más lectores. Y si usted fuera su propia lectora, ¿por qué se hubiera dado este galardón?

-He escrito muchos libros, en una gran variedad de géneros y sobre un montón de temas diferentes, y hay mucha gente que me sigue leyendo, por una razón o por otra. ¿Por qué lo hacen? Pues porque algo tendré. ¡Ja, ja, ja!

-Aumenta la cantidad de gente que va a seguir leyéndola y el interés de la prensa. Y ya que hablamos de eso, usted siempre ha prevenido contra las perversiones de los medios: el periodismo, la televisión, todo lo que nos rodea...

-Y sigo alertando. De todos modos, los medios de comunicación de masas y el periodismo son dos temas distintos, y me refiero a Inglaterra. En este país tenemos algunos de los peores periodistas del mundo, pero al mismo tiempo también algunos de los mejores. Y ha venido Internet, que ha introducido un nuevo tipo de civilización cuyo significado ni siquiera hemos llegado a comprender todavía. Y la televisión, fíjese en la televisión, ha cambiado por completo la cabeza de todo el mundo, y tampoco la hemos comprendido, francamente.

-Dice usted en uno de sus libros de memorias que la televisión interrumpió la conversación, rompió la alegría, o al menos la convivencia familiar...

-No dije que fuera alegre precisamente esa convivencia, pero desde luego la vida familiar era distinta antes de que llegara la televisión. Yo vi llegar la televisión a una casa donde solía escucharse la radio, donde la gente solía sentarse todas las noches, a hablar, a comer, y a comer muy bien, por cierto... Estoy hablando de una cultura distinta a la que vino luego; la televisión interrumpió esa cultura. Fue el final de la conversación, de la jovialidad de la convivencia, terminó aquello de sentarnos a comer y a cantar todos juntos... Aunque es cierto que muchas de las canciones que cantábamos eran muy aburridas, sí es verdad que también se acabó aquello de cantar en familia, alrededor de un piano... Todo el mundo alrededor de una mesa, un perro ladrando en una esquina, una comida maravillosa (¡porque no todos los ingleses son malos cocineros!)... Todo eso se fue cuando llegó la televisión, y yo tengo el recuerdo del día en que eso ocurrió.

-¿Y en qué cultura estamos ahora?

-Estamos en el final de la vida familiar tal como la conocíamos. Como sabe, muchas mujeres trabajan, cuando llegan a casa están agotadas, traen a casa comida preparada, cosa que es nueva en Inglaterra; no se lee a los niños porque estamos demasiado cansados... Todo esto es nuevo.

-Usted trajo aquí a su hijo en 1949 y le enseñó este país. ¿Cómo era?

-Mi hijo tenía dos años y medio, y no creo que él recuerde gran cosa de lo que vio. Lo que yo encontré cuando llegué fue un país devastado por la guerra; no era como ahora, tan alegre y colorido. Era muy oscuro, lleno de edificios agrietados, de lugares donde habían caído bombas; había manzanas enteras totalmente derruidas, era desolador. Y era muy duro, muy duro, no había suficiente para comer, hacía frío. Todo ha cambiado mucho.

-Para mejor.

-Sí, desde luego.

-¿Y ahora cómo ve Inglaterra?

-Nunca volvió a ser así, en mi experiencia. La gente tiene tanto dinero... Vas a Leicester Square y la plaza está repleta de gente. Es medianoche, o casi de madrugada, y sigue habiendo jóvenes que quieren divertirse. Esto es nuevo en este país. No creo que dure... Hmmmm, veremos. Reconozco que hay bolsas de pobreza, pero en general la gente tiene dinero, está cómoda y no tiene miedo. Y eso solía pasar, la gente tenía miedo: a perder el empleo, a caer enfermo... Este tipo de sociedad tan confiada en la que vivimos ahora debe de ser única en la historia. ¿Cuándo ha pasado esto antes?

-La historia ha hecho de Inglaterra un país mejor. Pero los países donde usted nació y vivió (Persia -luego Irán-, Rodesia -luego Zimbabwe-) viven situaciones difíciles, a veces catastróficas... Como Afganistán, país al que dedicó mucha atención.

-La relación con Zimbabwe es especial. Allí crecí, me hice, sé mucho sobre el país. Es distinto que con Afganistán. Creo que fue un error de los soviéticos invadirlo. Pienso que Irán es un desastre, y con respecto a Medio Oriente, espero que todos estén muy asustados, porque es para estarlo. Pero de todo eso no se puede hablar en un solo aliento; son todos casos muy diferentes.

-Vayamos a Zimbabwe. ¿Cómo les ha ido, desde la liberación?

-Pues les ha ido muy mal, como sabe. En estos momentos, la gente se muere de hambre, y Zimbabwe era un país que daba de comer a toda la zona, había cultivos de todo tipo... Ahora mismo tengo una amiga que me llama y me dice: "Llevamos una semana sin agua, cuatro días sin electricidad, hay falta de comida en las tiendas, no hay pan, no hay papas". Esta gente está pasando hambre. Puedo contarle una pequeña historia que podría ilustrar lo que ocurre. La gente está escapando a Sudáfrica, y cuando llegan a la frontera los atrapan y los deportan. Los sudafricanos los están esperando y los que huyen de Zimbabwe les dicen: "Por favor, antes de devolvernos a nuestro país dennos algo de pan". Un detalle horroroso, ¿verdad? Y hay otra historia: los soldados de Mugabe se están escapando porque no les pagan. Miles de esos soldados bajan hacia Sudáfrica y la tragedia es que allí los esperan reclutadores que los llevan a sus propias guerras. Y puede que de pronto se encuentren en Afganistán, o en Irak, o donde sea... ¡Esta pobre gente de Zimbabwe, qué tragedia!

-Eso que cuenta recuerda la emigración africana a Europa y cómo los deportan desde aquí.

-Es una tragedia de nuestro tiempo, sí. La gente escapa de África por una pobreza generalizada, por una vida muy dura; pero la de Zimbabwe es una crisis creada por un solo hombre.

-Robert Mugabe.

-Sí. Es un hombre muy malo. Un asesino. En fin, podría seguir, pero lo que quiero decir ahora es esto: esa gente que se va de Zimbabwe busca pan, no tiene trabajo. Sus perspectivas son nulas.

-¿Usted esperaba que Robert Mugabe fuera así?

-No. Nadie lo esperaba. Cuando llegó al poder, al principio, la gente decía de él que era un hombre inteligente, tenía buenos asesores. Pero enseguida se produjo una matanza, con él en el poder. Y luego se asoció con los peores dictadores del mundo, como el de Birmania, porque le gustan mucho los dictadores.

-Es como una maldición sobre África. ¿Ve usted, como creadora de símbolos, alguna metáfora en ese desastre continuo?

-Hay muchos países distintos en África, no se puede tomar el continente como si fuera una unidad. Pero sí, es cierto, lo que se vive en África es desalentador.

-Volvamos a Irán, donde usted nació.

-¡No, por favor! Odio Irán, odio al gobierno iraní, es un gobierno malvado y cruel. Fíjese en lo que le pasó al presidente de Irán en Nueva York, lo llamaron malvado y cruel en la Universidad de Columbia. ¡Maravilloso! ¡Más tendrían que haberle dicho! Nadie lo critica, por el petróleo; por eso nuestro encantador gobierno británico le dora la píldora al de Irán: por el petróleo.

-Como Putin.

-Por lo mismo, porque quiere quedarse con el petróleo. ¡Y usted espera que los gobiernos sean morales! No lo son, ninguno de ellos lo es. Son bochornosos, nos avergüenzan.

-¿Irá Estados Unidos a la guerra contra Irán por el tema de la energía nuclear?

-No soy profeta. Si yo estuviera en Irán, pensaría: ¿por qué no vamos a usar energía nuclear con propósitos pacíficos? Ni por un momento pienso que esos propósitos sean pacíficos, pero eso no lo podemos probar. Estamos en un maldito embrollo. Y Medio Oriente es un desastre, todos lo sabemos, y no sé quién puede solucionarlo.

-Afganistán. Usted fue, denunció lo que pasaba allí. ¿Lo ve como una consecuencia de los atentados del 11 de septiembre?

-Lo veo como una consecuencia de la invasión rusa de Afganistán. El 11 de septiembre no puede ser tan importante como aquello. Lo que vi en Agfanistán fueron las consecuencias de la invasión soviética, que resultó un desastre. Pude hablar y ver tanto a mujeres como a soldados. La mayor parte de los periodistas no vieron nunca a las mujeres, así que puedo decirle que la invasión soviética de Afganistán fue uno de los grandes crímenes de nuestro tiempo. Y quizá habría que recordarlo: Gran Bretaña fue derrotada tres veces por los afganos en el siglo XIX. La gente no tiene por qué saberlo pero nosotros debemos recordarlo. ¿Qué estamos haciendo ahí? Nos han derrotado tres veces. Volvemos a Afganistán. Es una locura. Somos una gente loca.

-Usted estuvo con las mujeres...

-Las condiciones de las mujeres eran horribles. Los guerrilleros estaban agotados, no llevaban zapatos, luchaban en la nieve. Fue una guerra terrible, terrible. Y los rusos, ¿sabe?, no son muy buenos. No sé cómo serían en la II Guerra Mundial, pero sé que en Afganistán fueron terribles. Los oficiales trataban tan mal a los soldados que estos bebían líquido de frenos en lugar de alcohol y vendían sus propias armas para conseguir drogas. No sé cómo serán ahora los soldados rusos, pero fueron muy, muy malos en Afganistán.

-El 11 de septiembre, el 11 de marzo, los atentados de Londres, los españoles seguimos sufriendo a ETA. Usted ha escrito mucho sobre terrorismo.

-Y aquí tuvimos el IRA. ¿Sabe lo que la gente olvida? Que el IRA atentó con bombas contra nuestro gobierno; que mató a varias personas mientras se celebraba una convención conservadora en la que estaba la primera ministra Margaret Thatcher. La gente se olvida. El 11 de septiembre fue tremendo, pero si se repasa la historia del IRA, lo de los norteamericanos no resulta tan terrible. Cualquier norteamericano pensará que estoy loca. Murieron muchas personas, cayeron dos edificios prestigiosos, pero no fue tan terrible ni tan extraordinario como ellos creen; son gente muy ingenua o fingen serlo.

-En la respuesta norteamericana hubo una foto famosa: Bush, Aznar, Blair...

-Siempre odié a Tony Blair, desde el principio. Muchos de nosotros odiábamos a Tony Blair, creo que ha sido un desastre para Gran Bretaña y lo hemos padecido muchos años. Lo dije desde que fue elegido: este es un pequeño showman que nos va a meter en problemas, y nos metió. En cuanto a Bush, es una calamidad mundial, todo el mundo está harto de este hombre. O bien es un estúpido, o bien es muy listo. Hay que pensar que es miembro de una clase social que se beneficia mucho con las guerras, nos olvidamos de que una guerra beneficia a muchas personas. ¿Sabe? Acabo de terminar un libro sobre la guerra. No pretendía que lo fuera, pero es un libro contra las guerras. Me asombra cómo olvidamos la influencia enorme que las guerras tienen; están ahí siempre, como su memoria... Los españoles deberían saberlo. Su guerra civil fue tan terrible. En la Primera Guerra Mundial, Europa decidió dispararse a sí misma. La Segunda Guerra Mundial fue otra historia. ¡Y estas son nuestras guerras! Somos mucho más brutales, más crueles. Nos gusta olvidarlo, pero no se puede olvidar. He estado leyendo novelas recientes de escritores españoles sobre la Guerra Civil. Para la gente de mi generación, la Guerra Civil española fue tan importante. Fue tan desgarradora, tan difícil, tan imposible de entender el comportamiento de nuestros gobiernos... Quizá ustedes lo hayan olvidado, pero Gran Bretaña y Francia tuvieron un comportamiento deplorable, permitieron que Hitler y Mussolini ayudaran a Franco porque en España había un gobierno de izquierdas. Yo me encontraba con gente que lloraba de rabia y de vergüenza por nuestros gobiernos.

-En España hay un proceso para crear una ley que repare el daño moral de aquella guerra. Y la derecha no la quiere apoyar.

-Lo sé, tengo muchos amigos españoles. Y hubo una derecha extrema en España a la que el Rey puso fin mientras todo el mundo aplaudía. Fue maravilloso, ¿sabe? Conocí al Príncipe y a su madre, que está muy orgullosa de él, cuando recibí el premio que lleva su nombre, en Oviedo.

-¿Y cómo sale uno de la guerra?

-Yo estaba casada con un refugiado alemán y experimenté la guerra a través de él. Los alemanes que estaban en contra de Hitler se veían en la terrible situación de tener que aplaudir la destrucción de Alemania. Emocionalmente eso era muy difícil para ellos. Así que experimenté la guerra de esa forma contradictoria. La gente no dejaba de hablar de la guerra. O acababan de volver del frente, o habían sufrido los bombardeos, y eso duró hasta finales de los años cincuenta: la guerra, siempre la guerra, una conversación interminable. La guerra y la memoria no acaban nunca.

-¿Nos puede contar algo de su libro sobre la guerra?

-Sobre mis padres y la guerra. Mis padres sufrieron mucho con la Primera Guerra Mundial, salieron muy dañados. Así que les he dado vida, como si la Guerra Mundial no hubiera ocurrido. Vidas decentes, corrientes, poco excitantes. Esa es la primera mitad del libro. La segunda parte es lo que verdaderamente ocurrió, y debo decir que algunas partes son bastante trágicas, horrendas. ¡Porque fue trágico y horrendo! Esa gente era perfectamente normal, corriente, y fueron destrozados por la guerra. Yo esto lo sentía incluso cuando era una niña. Ha sido doloroso de escribir, pero fue muy agradable dar a mis padres vidas de paz. Mi padre siempre quiso ser un granjero inglés, así que lo convertí en granjero inglés. Y a mi madre le he dado todo tipo de cosas interesantes que hacer, porque era una mujer sumamente lista.

-¿Cómo se siente por dentro, escribiendo de la guerra?

-Estoy enojada. Tengo la edad que tengo y sigo enojada. No se me va, no se me va, siempre está ahí.

-¿La literatura no lo cura?

-No se ha ido. No sé por qué. Siento, como sentía mi padre, ira, ira de que esto haya sucedido. La Segunda Guerra Mundial había que lucharla, pero la Primera Guerra fue tan innecesaria...

-Cuando usted era una niña comía naranjas mientras leía. Y soñaba.

-Sigo soñando, pero ya no como naranjas. Soy demasiado vieja para comer naranjas. Eso es hacerse vieja: no como de esto, no como de lo otro... Pero sigo leyendo mucho y soñando.

-¿Y recuerda los sueños?

-Claro. Y entre escritores es lógico que los use.

-Ahora tiene mucho que celebrar. ¿Qué es lo que más le gusta hacer en estas semanas?

-Yo tengo una situación en mi vida de la que no hablo. Tengo un hijo inválido, al que debo cuidar. Así que mi vida no es en absoluto lo que yo esperaba. Y no puedo hablar de ello. Ya no es mi vida, ya no vivo mi vida.

-¿Qué va a hacer en su cumpleaños?

-Nada. Me ocuparé de eso cuando cumpla los 90. ¡Oh, Dios, otra vez el teléfono!

Por Juan Cruz

sexta-feira, 12 de outubro de 2007

'Os amantes se comportam de maneira absurda'



Assim a escritora Doris Lessing inicia sua análise de O Amante de Lady Chatterley, de D. H. Lawrence

Doris Lessing

Amantes se comportam de maneira absurda, em conversas de amor e em intimidades que eles poderiam não querer que gente de fora soubesse, mas D. H. Lawrence, em O Amante de Lady Chatterley, não se intimida de fazer seus amantes correrem na chuva, a mulher dançando - esta era a moda então, Isadora Duncan foi responsável - ou entrelaçando flores nos pêlos pubianos um do outro. É precisamente essa sua coragem que às vezes o leva à beira da farsa. Um romancista mais astuto, e menor, teria cortado essas passagens propensas a provocar a zombaria. Mas em toda sua obra, o maravilhoso pode estar lado a lado com o absurdo.

Lawrence, o filho de mineiro, tinha muito a dizer sobre a luta de classes. Seus versos sobre as classes altas, as classes médias, estão entre os mais tolos jamais escritos. É difícil acreditar que o mesmo homem escreveu alguns dos mais belos poemas no idioma, Snake, Bavarian Gentians, Not I... but the Wind, o adorável poema The Piano sobre o adulto lembrando sua mãe brincando com ele quando criança. O Lawrence que escreveu The Ship of Death seguramente nunca fora apresentado ao homem que escreveu sobre o burguês bestial. Ele casou-se com uma aristocrata alemã, e escreveu um romance sobre uma Lady Chatterley que era casada com um baronete. (...)

Constance Chatterley está presente em todo esse romance como uma mulher real, com nádegas adequadas, e pernas de mulher, não uma dessas garotas modernas com 'bundinhas de menino parecendo dois botões de colarinho' e sem uma verdadeira feminilidade. Durante a revolução feminista dos anos 1960, fiquei surpresa e me diverti ao ouvir algumas feministas muito francas dizer em que haviam lido Lady Chatterley como eu, uma geração ou duas antes. Uma teve que admitir o fato de que a maioria das mulheres ainda anseia pelo amante completo, real, perfeito, suas metades gêmeas perdidas (Platão - mas Lawrence não tinha tempo para ele). A mulher ainda procura muito pelo Sr. Certinho. (...)

Lawrence, em seu romance mais famoso, saúda o coito anal como o auge da experiência sexual, mas isso está escrito de maneira não explícita. Bem, é sabido que muita gente gosta de sexo anal. Hoje em dia, ele não precisaria ter escrito isso tão obscuramente. Aparentemente, ele está deixando para trás a transa compassiva e o orgasmo vaginal, para não falar do pobre velho clitóris, pois o que é descrito é, na verdade, um estupro anal. Constance gosta e atinge sua plenitude como mulher - temos a palavra de Lawrence quanto a isso. Mas é curioso que ninguém tenha visto o que Lawrence estava realmente dizendo nesse romance, defendendo o ato como sendo realmente tão moral e tão salutar.

Sabemos que os problemas sexuais de Lawrence foram resolvidos no sexo anal, e hoje em dia provavelmente poucas pessoas diriam mais do que: 'Mesmo? Isso é curioso, notando como ele falava de vaginas.' Aqui está essa escrita moralista feroz, com todo o poder de Lawrence por trás. E o que o sexo compassivo tinha a ver com estupro anal? Por que não dizer, simplesmente, que o casal de personagens Mellors e Constance praticaram um pouco de sodomia? Mas não, esse romance é um manifesto, ou, talvez, vários, pelo número de seres diferentes que viviam dentro da pele de Lawrence, fundidos pela força da necessidade desse homem moribundo, impelido, de dizer ao mundo que ele poderia salvá-lo.

TRADUÇÃO DE CELSO MAURO PACIORNIK

Este é um trecho do resumo editado da introdução da escritora Doris Lessing para a edição da coleção Peguin Classic de O Amante de Lady Chatterley

O grilo falante de um planeta doente

Como a consciência de Pinóquio, Doris Lessing alerta o mundo sobre os perigos do voluntarismo e as artimanhas do poder

Antonio Gonçalves Filho

O Estado de São Paulo

Em seu livro mais recente, lançado no início do ano, The Cleft, Doris Lessing conta uma estranha parábola sobre o poder das mulheres, ela que em O Sonho mais Doce (Companhia das Letras, 450 págs., R$ 62,50) já havia ateado fogo às vestes criticando a esquerda e o feminismo, além de dirigir petardos a pacifistas e organizações humanitárias. Se, em O Sonho mais Doce, a escritora fala dos anos 1960 e 1980, tentando fazer um balanço do que foram essas duas décadas, The Cleft é ainda mais ambicioso: volta ao passado para imaginar o que seria uma sociedade feminista protocristã, em que as mulheres concebem por meio de partogênese e, vez ou outra, atiram uma companheira de um penhasco para apaziguar a ira sabe-se lá de quem. Na cidade das mulheres de Lessing, os homens, inevitável, aparecem para destruir a colônia feminista e têm estranhos nomes celtas. Em tempo: a história é contada do ponto de vista masculino, o de um homem de letras romano, da época de Nero, que descobre um antigo manuscrito com a história da tal sociedade.

Lessing sempre desconfiou de pernas peludas. Foi casada, sim, mas não recomenda a ninguém o uso de alianças. É alérgica. O Carnê Dourado (1962), que lhe abriu as portas do mundo literário e do mercado, explica as razões. Nele, a protagonista Anna Wulf é uma espécie de alter ego de Doris Lessing, louca para ser livre, mas presa a convenções e a um sentimento de culpa ancestral. Algo esquerdista, cheia de dúvidas e vivendo com sua filha numa Londres do pós-guerra, Anna era a arma literária de que precisavam as feministas. Como as antigas latas de marmelada, Anna é quatro em uma: mantém por isso quatro livros de anotações para refletir sobre sua condição existencial, suas posições políticas e seu papel como escritora.

É preciso lembrar sua biografia para citar as semelhanças entre a vida de sua personagem Anna e a da escritora, que desembarcou na Inglaterra aos 30 anos com dois casamentos fracassados, um bebê no colo e 100 libras no bolso, deixando para trás maridos e dois filhos do primeiro casamento. A ganhadora do Nobel nunca se arrependeu disso. No começo do ano, numa entrevista, lembrou que também Rousseau fez o mesmo com os filhos, por considerar que eles teriam melhor educação longe dele. Vergonha? Doris Lessing jura que não: 'Só tenho vergonha das mentiras que contei a mim mesma.'

Assim, o autobiográfico O Carnê Dourado antecipa o que viria depois na obra de Lessing. Inclusive The Cleft, que tenta conciliar as duas maiores influências de sua vida, aparentemente inconciliáveis: comunismo e sufismo. O indiano Idries Shah, que ela leu por volta de 1964, foi decisivo na elaboração de todo aquele ciclo de novelas místicas de ficção científica que fizeram um enorme sucesso nos anos 1980 (A Experiência de Sirius, por exemplo). Shah viveu em Londres. Influenciou outros intelectuais (Robert Onrstein, entre eles) com sua visão muito particular de sufismo - mais uma filosofia de autoconhecimento que uma corrente mística contemplativa do Islã, segundo o pensador sufi.

Lessing fez o caminho inverso de Shah. Nascida na Pérsia, tinha 5 anos quando seu pai, que perdeu a perna na 1ª Guerra, decidiu estabelecer-se na Rodésia. Leu Dickens na periferia do mundo e, portanto, tinha como comparar a vida que levavam os ingleses e os deserdados africanos. Na juventude, conheceu refugiados judeus que fizeram sua cabeça e, aos 24 anos, já lia Marx com certa facilidade, auxiliada na tarefa pelo refugiado alemão e comunista Gottfied Lessing, de quem herdou o sobrenome, mas não a preguiça. Doris escreveu muito para entender por que razão se envolveu com homens tão diferentes dela. Quem quiser saber mais detalhes deve ler O Quinto Filho (1989), que começa como uma descrição algo idílica da vida familiar para concluir que parente é mais que serpente. Para a autora, família, só em álbum de fotografia. O quinto filho do título é um garoto anti-social. Ele vem balançar a falsa harmonia de uma família que buscou na alienação a sua felicidade.

Não admira que Doris seja mais apocalíptica que integrada. Isso fica claro em sua mais popular série, dedicada a Canopus, cinco livros de ficção científica. A série começa por Shikasta (1979), uma história da Terra contada segundo a perspectiva de uma civilização mais avançada (Canopus ). Essa mesma história é interpretada de forma diferente por outros seres intergalácticos em As Experiências de Sirius (1980), mas nada indica que a forçada evolução do planeta, aos trancos e barrancos, passe de um exercício de retórica ainda contaminada pela lógica do discurso marxista dos primeiros escritos de Lessing (The Grass Is Singing, por exemplo), pasteurizado com mensagens sufistas.

Contrariamente aos críticos, Doris Lessing considera a série de Canopus seu mais importante trabalho. Compreensível. Os esforços literalmente sobre-humanos de uma sociedade mais avançada para empurrar outra sociedade menos evoluída revelam seu lado mais progressista e otimista, a despeito da crítica freqüente à série classificá-la como parábola barata sobre a nossa insignificância - isto é, a dos pobres terráqueos, ignorantes e descrentes.

Talvez seja o caso de buscar em outros livros de Doris Lessing respostas para essa obsessão por sociedades mais evoluídas. Ela agora defende a supremacia da consciência individual sobre a coletiva, argumentando que os grande escritores russos do passado falaram da experiência alheia ao escrever sobre a própria. Doris seria, assim, a verdadeira narradora de Shikasta, ocupando o posto do administrador de Canopus, que tudo sabe sobre o planeta antes mesmo de sua devastação (que aconteceria no século 20, segundo ela, o que atesta sua falência como Cassandra). Ela se sai melhor quando fala do presente. É comovente a segunda parte de O Sonho mais Doce, ambientada numa África mergulhada na ignorância, supersticiosa e tendo de enfrentar o vírus da aids, além de políticos corruptos. A indignação da escritora é sincera e justa. Só por ela já merecia o prêmio Nobel.


Obras no Brasil

O SONHO MAIS DOCE (Companhia das Letras, 2005)

ECLESIASTES(Objetiva, 1998)

DEBAIXO DA MINHA PELE (Companhia das Letras, 1997)

AMOR, DE NOVO (Companhia das Letras, 1997)

PRISÕES QUE ESCOLHEMOS PARA VIVER (Bertrand Brasil, 1996)

OS AGENTES SENTIMENTAIS (Nova Fronteira, 1988)

O PLANETA 8 (Nova Fronteira, 1987)

AS EXPERIÊNCIAS DE SIRIUS (Nova Fronteira, 1980)

SHIKASTA (Nova Fronteira, 1979)

Um Nobel para Doris

Em uma das decisões 'mais meditadas' da Academia Sueca, autora inglesa de 87 anos leva prêmio por sua longa trajetória

Ubiratan Brasil - O Estado de São Paulo

A escritora inglesa Doris Lessing fazia compras, em Londres, quando a Academia Sueca anunciou ontem seu nome como a vencedora do Prêmio Nobel de Literatura deste ano. A 'capacidade para transmitir a 'épica' experiência feminina e narrar a divisão da civilização com ceticismo, paixão e força visionária' de Lessing foram fundamentais para a decisão do instituto, lida pelo secretário permanente da Academia Sueca, Horace Engdahl.

Duas horas depois da divulgação e ainda sem saber, ela chegou de táxi e se surpreendeu com sua casa rodeada de repórteres e cinegrafistas. 'Pensei que estivessem gravando algum programa de televisão', disse Doris, surpresa com a premiação. 'Estou há 30 anos assim. Ganhei todos os prêmios da Europa, todos eles. Fico muito feliz por vencer todos. É uma grande emoção.'

De fato, sua longa trajetória literária foi recompensada com o Prêmio Somerset Maugham (1964), o Prêmio de Literatura Européia do Estado Austríaco (1981), o Shakespeare da Fundação FVS de Hamburgo, o Prêmio Internacional da Catalunha (1999), o David Cohen de Literatura (2001) e o Príncipe de Astúrias das Letras (2001).

Horace Engdahl reconheceu, no entanto, que essa foi uma das decisões 'mais meditadas' da Academia. 'Há anos analisamos sua obra e concluímos que o melhor momento para premiá-la era agora.'

Aos 87 anos (faz aniversário no dia 22), Doris Lessing tornou-se o mais velho escritor a ganhar um Nobel. Nascida na cidade persa de Kermanshah (atual Irã). Lá morava seu pai, que tinha sofrido graves amputações na 1ª Guerra Mundial, onde trabalhava no Banco Imperial e era casado com uma ex-enfermeira.

Em 1924 a família se mudou para a Rodésia do Sul, então colônia britânica, e se instalou em uma fazenda. Foi lá que Doris passou a infância e a juventude. Ela foi educada em um colégio de freiras católicas e depois em um liceu feminino também em Salisbury (hoje Harare), até os 13 anos.

Ao chegar à capital britânica, em 1949, a escritora tinha o manuscrito do seu primeiro romance, The Grass Is Singing, um texto sobre a vida na África que já refletia sua oposição à política racial. Comprometida com o universo feminino, escreveu em 1952 a primeira obra de reflexão nesse sentido, intitulada O Sonho de Martha Quest e primeiro dos cinco livros da série Os Filhos da Violência (1951-59).

Os conflitos entre culturas, o comprometimento com o feminismo, a desigualdade racial e a contradição entre consciência individual e bem-estar coletivo são alguns dos temas tratados em sua produção literária, que compreende mais de 40 livros - em novembro, a Companhia das Letras lança mais um, As Avós. Em 1987, ela visitou o Brasil e participou de um debate organizado pelo Estado. O Nobel de Literatura concede ao vencedor US$ 1,5 milhão e será entregue em cerimônia no dia 10 de dezembro,em Estocolmo, na Suécia.

quinta-feira, 11 de outubro de 2007

Britânica Doris Lessing vence Prêmio Nobel de Literatura


Reuters/Brasil Online

ESTOCOLMO (Reuters) - A romancista britânica Doris Lessing venceu o Prêmio Nobel de Literatura 2007, informou nesta quinta-feira a Academia Sueca. A academia classificou a escritora de 87 anos como uma autora "da experiência feminina, que, com ceticismo, fogo e poder visionário, sujeitou uma civilização dividida ao escrutínio".

Este foi o quarto Nobel concedido este ano, depois dos prêmios às áreas de medicina, física e química. Os da paz e economia ainda serão entregues.O prêmio é de 10 milhões de coroas suecas (1,54 milhão de dólares).

Lessing Wins Nobel Literature Prize

Writer Doris Lessing, 86, sits in her home

in a quiet block of north London April 17, 2006.

Lessing was awarded the 2007 Nobel Prize in Literature

for "that epicist of the female experience,

who with scepticism, fire and visionary power has subjected a divided civilisation to scrutiny."

Associated Press © 2007

Writer Doris Lessing, 86, sits in her home in a quiet block of north London April 17, 2006. Lessing was awarded the 2007 Nobel Prize in Literature for "that epicist of the female experience, who with scepticism, fire and visionary power has subjected a divided civilisation to scrutiny." Associated Press © 2007

Writer Doris Lessing, 86, sits in her home in a quiet block of north London April 17, 2006. Lessing was awarded the 2007 Nobel Prize in Literature for "that epicist of the female experience, who with scepticism, fire and visionary power has subjected a divided civilisation to scrutiny." Associated Press © 2007

STOCKHOLM, Sweden October 11, 2007, 10:54 a.m. ET · Doris Lessing, author of dozens of works from short stories to science fiction, including the classic "The Golden Notebook," won the Nobel Prize for literature Thursday. She was praised by the judges for her "skepticism, fire and visionary power."

The Swedish academy's announcement was stunning even by the standards of Nobel judges, who have been known for such surprises as Austria's Elfriede Jelinek and Italy's Dario Fo.

Lessing, 11 days short of her 88th birthday, is the oldest choice ever for a prize that usually goes to authors in their 50s and 60s. Although she is widely celebrated for "The Golden Notebook" and other works, she has received little attention in recent years and has been criticized as strident and eccentric.

Even Lessing apparently was not expecting to win, the academy's permanent secretary Horace Engdahl told The Associated Press.

"I've phoned her but there's been no answer. She was not sitting and waiting for my call," Engdahl said. "She doesn't know yet, and I'm afraid she's out taking a stroll somewhere in the park and people will attack her with the news."

Lessing's agent, Jonathan Clowes, said the London-based author was out shopping when the prize was announced.

"We are absolutely delighted and it's very well deserved," Clowes said.

However, American literary critic Harold Bloom called the academy's decision "pure political correctness."

"Although Ms. Lessing at the beginning of her writing career had a few admirable qualities, I find her work for the past 15 years quite unreadable ... fourth-rate science fiction," Bloom told The Associated Press.

A largely self-taught author who ended formal schooling at age 13, Lessing has drawn heavily from her time living in Africa, exploring the divide between whites and blacks, most notably in 1950's "The Grass Is Singing," which examined the relationship between a white farmer's wife and her black servant. The academy called it "both a tragedy based in love-hatred and study of unbridgeable racial conflicts."

A prolific author even in her 80s, Lessing was born to British parents who were living in what is now Bakhtaran, Iran. Her many works include short stories, essays and such novels as "The Good Terrorist" and "Martha Quest," the latter part of her semi-autobiographical "Children Of Violence" series.

But to millions she is known for "The Golden Notebook," published in 1962 and still a feminist classic although Lessing does not consider the book a political statement.

"The burgeoning feminist movement saw it as a pioneering work and it belongs to the handful of books that inform the 20th century view of the male-female relationship," the academy said in its citation announcing the prize.

Lessing was also cited for her "vision of global catastrophe forcing mankind to return to a more primitive life, noting such recent works as "Mara and Dann" and its sequel, "The Story of General Dann and Mara's Daughter, Griot and the Snow Dog," published in 2005.

"When you look at my life, you can go back to the late 1930s," she told the AP in an interview a year ago. "What I saw was, first of all, Hitler, he was going to live forever. Mussolini was in for 10,000 years. You had the Soviet Union, which was, by definition, going to last forever. There was the British empire — nobody imagined it could come to an end. So why should one believe in any kind of permanence?"

Lessing is the second British writer to win the prize since 2005, when Harold Pinter received the award. Last year, the academy gave the prize to Turkey's Orhan Pamuk.

A seasoned traveler of the world, Lessing has known many homes, from Persia to Zimbabwe to South Africa to London, where she lives on a quiet block in a neighborhood long favored by artists and intellectuals.

Like Pinter, Pamuk and other recent Nobel winners, Lessing has a history of political controversy. Because of her criticism of the South Africa's former apartheid system, she was prohibited from entering the country between 1956 and 1995. Lessing, a member of the British Communist Party in the 1950s who later rejected leftist ideology, had been active in campaigning against nuclear weapons.

The literature award was the fourth of this year's Nobel Prizes to be announced. On Wednesday, Gerhard Ertl of Germany won the 2007 Nobel Prize in chemistry for studies of chemical reactions on solid surfaces, which are key to understanding such questions as why the ozone layer is thinning.

Tuesday, France's Albert Fert and German Peter Gruenberg won the physics award for discovering a phenomenon that enables computers and digital music players store reams of data on ever-shrinking hard disks.

Americans Mario R. Capecchi and Oliver Smithies, and Briton Sir Martin J. Evans, won the medicine award on Monday for groundbreaking discoveries that led to a powerful technique for manipulating mouse genes.

Prizes for peace and economics will be announced through Oct. 15.

The awards — each worth $1.5 million — will be handed out by Sweden's King Carl XVI Gustaf at a ceremony in Stockholm on Dec. 10.

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AP national writer Hillel Italie in New York contributed to this story.

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On the Net:

http://www.svenskaakademien.se

http://www.nobelprize.org

http://www.dorislessing.org

sexta-feira, 22 de junho de 2007

A frase do dia


"Pensem errado, por favor, mas pelo menos pensem com a própria cabeça"

Doris Lessing