Mostrando postagens com marcador balé. Mostrar todas as postagens
Mostrando postagens com marcador balé. Mostrar todas as postagens

segunda-feira, 21 de janeiro de 2008

"Europa parece un barrio cerrado"


ESTILO. Macras crea sus obras a partir de temas sociales:
la inseguridad, el encierro, la discriminación


Bailarina y coreógrafa, nació en la Argentina y vive en Berlín desde 1995. Está considerada como una de las directoras de danza contemporánea más vanguardistas de Europa. Estrenó en Alemania su última pieza, Brickland, sobre la vida en los countries


La coreógrafa y bailarina argentina Constanza Macras estrenó el 14 de diciembre en Berlín su último espectáculo. Brickland es una obra sobre el mundo de los barrios cerrados que habla sobre la inseguridad, el encierro, el miedo a perderlo todo: conflictos más cercanos a la idiosincrasia argentina que a la realidad alemana. La pieza (que combina movimiento, impacto, video y texto, fiel al estilo de su creadora) fue muy bien recibida por el público y la crítica berlinesa, que la considera una de las figuras más vanguardistas de la danza contemporánea europea.

Macras reside en Berlín desde hace doce años y vino a la Argentina a pasar las fiestas junto a su familia. En 1992, cuando viajó a Holanda para continuar sus estudios de ballet, quería ser bailarina clásica. En el camino conoció compañías europeas que trabajaban con el baile, el teatro y el video. Entonces guardó las zapatillas de punta y el tutú rosado, se puso calzas y rodilleras y cambió la belleza y la perfección de las piezas clásicas por el caos estético y el impacto de sus creaciones.

"En septiembre pasado participé en el Festival Internacional de Buenos Aires con mi compañía Dorky Park. Estrené Big in Bombay , la primera obra que presento aquí desde que me fui del país", contó Macras en una confitería porteña uno de los días más calurosos en lo que va de enero. En aquella visita aprovechó para filmar escenas en barrios privados de la provincia de Buenos Aires. "Brickland es un country real, que está camino al aeropuerto de Ezeiza, a media hora de Capital por la autopista Ricchieri. No es clasista, no tiene nada que ver con lo que presento en la obra. Le puse así porque me gustó el nombre. También filmamos en el barrio Las duas Marias, que está a una hora del centro de San Pablo. La gira por América latina fue nuestra oportunidad para filmar en esta clase de barrios que no existe en Alemania."

-¿Por qué eligió un tema tan ajeno a la sociedad alemana para presentar en Berlín?

-Porque me interesa mucho lo que sucede en la Argentina y también porque es una temática mundial: por un lado están las villas y por otro, los countries ; uno enfrente del otro. Están en Sudáfrica, Arabia Saudita, Estambul. Además, es una metáfora de Europa, que cada vez se parece más a un enorme barrio cerrado.

Para crear sus espectáculos, Macras siempre elige cuestiones sociales. "Me gusta trabajar sobre la base de temas que estén relacionados con problemáticas que me interesan o me preocupan. Mis dos obras anteriores ( I´m not the only one I y II ) fueron una especie de viaje épico sobre la gente que emigra, sobre la pérdida de la identidad y la elección de otra vida."

A diferencia de sus puestas anteriores, en Brickland hay personajes bien definidos: el padre, la madre, la hija, el encargado de seguridad. "Es algo nuevo, un recurso que antes nunca había usado, ya que hacía seguimiento de situaciones. Ahora hice un desarrollo de personajes y temas: está la cuestión de la seguridad (un agente privado que tiene miedo y se asusta de su propia sombra), una adolescente que se aburre y roba dentro del country , el fantasma de la bancarrota."

-¿En qué material se inspiró para crear la obra?

-En artículos de los diarios argentinos y en algunos libros que leí: Los que ganaron. La vida en los countries , de Maristella Svampa, Mundo privado , de Patricia Rojas, y un texto sobre Celebration, el primer barrio cerrado de la historia, creado por Disney en la década del 50 en Florida para alojar a los visitantes de Disney World. Cuando empecé a interesarme por el tema (en general, empiezo a ensayar un año después de investigar y juntar material) no sabía del caso García Belsunce ni del de Nora Dalmasso. Cuando me enteré, me sorprendí mucho porque planteo situaciones similares, como los robos y la inseguridad dentro de esos supuestos paraísos. En mis obras hay violencia, aunque no haya muertos, pero todo el tiempo pasan cosas que nadie ve, como en la vida real.

Macras utiliza textos propios y ajenos en sus obras. En una escena de Big in Bombay , por ejemplo, se escuchaba un monólogo de Enrique Pinti. "Esta vez incluí el texto de promoción de Celebration, que es muy ridículo. Dice: ´Hay un lugar que te transporta, donde se cumplen tus sueños.... , es muy utópico. Lo usé en el video de apertura como introducción, con imágenes de gente en piletas. También usé un fragmento de un texto de Jacques Derrida, que se llama El monolingüismo del otro . Es una reflexión filosófica sobre la imposibilidad del lenguaje. Me gustó porque es muy poético. Le habla al lector como interlocutor. Me vino muy bien para un monólogo, aunque por momentos lo que se ve en escena vaya en sentido contrario de lo que él escribió. Todos al principio parecen una cosa y después resultan otra. Tiene que ver con cualquier sociedad cerrada que se corrompe desde adentro."

-¿Cómo define su estilo?

-En Europa lo llaman "espectáculo de creación": gente del teatro que trabaja en la dirección de la danza y gente de la danza que trabaja en la dirección del teatro. No es danza-teatro porque eso sería Pina Bausch. Yo trabajo con movimiento e impactos contra el piso en equilibrio con el texto. Me encantan las caídas de los actores del cine cómico mudo. Para mí, los mejores bailarines son Buster Keaton y Charles Chaplin.

Por Natalia Blanc
De la Redacción de LA NACION

quinta-feira, 20 de dezembro de 2007

Se estrena el ballet póstumo de Maurice Béjart

La última danza de Béjart
El Ballet Béjart de Lausana ejecuta la última coreografía del maestro francés
RODRIGO CARRIZO COUTO



'La Vuelta al Mundo en 80 Minutos' ha visto la luz esta noche en Lausana


RODRIGO CARRIZO COUTO - Lausana - El País

Con enorme expectación popular y mediática ha tenido lugar esta noche en el Théâtre de Beaulieu de Lausana el estreno mundial de la última coreografía firmada por el legendario coreógrafo marsellés Maurice Béjart, fallecido en Suiza el pasado 22 de noviembre. El Béjart Ballet Lausanne comienza así su andadura de la mano de su nuevo director, el francés Gil Roman, hasta ahora director adjunto de la compañía.


La obra, que quedó inconclusa a la muerte del maestro, es un viaje imaginario y autobiográfico por diversas geografías y épocas, en las que Béjart revisita temas que marcaron su vida y su trabajo. La música está firmada por Stravinsky, Vivaldi o Wagner e incluye jazz y piezas tradicionales africanas e indias.

La Vuelta al Mundo en 80 Minutos estará en cartel en Suiza hasta fin de año, antes de iniciar una gira que la llevará a Francia y Bélgica, antes de llegar a España en febrero. Las 16.000 localidades disponibles en Lausana están ya agotadas.

quinta-feira, 22 de novembro de 2007

Maurice Béjart, l'homme qui voulait amener le grand public à la danse

Maurice Bejart + Queen :" the show must go on"

Le chorégraphe français Maurice Béjart, figure majeure de la danse contemporaine, est mort dans la nuit, jeudi 22 —novembre, à l'âge de 80 ans, à l'hôpital de Lausanne. Il y avait été admis pour la deuxième fois en l'espace d'un mois, après avoir été régulièrement hospitalisé depuis quelques années pour des affections cardio-pulmonaires. De l'hôpital de Lausanne, il téléphonait régulièrement à sa compagnie, en tournée à Lyon. Travailleur acharné, il préparait son prochain programme pour le Palais des Sports de Paris, prévu en janvier.


Avec Béjart, c'est un authentique phénomène qui disparaît, tant l'impact de son œuvre, sa longévité, son succès jamais démenti auprès des spectateurs de tous les pays, en font un cas merveilleusement unique. Meurt-on vraiment lorsqu'on a atteint un tel statut de mythe ? Maurice Béjart est le chorégraphe le plus populaire en France et à l'étranger avec une œuvre de plus de deux cent cinquante ballets, dont certains passablement ratés selon Béjart lui-même.

Cette figure de l'art du XXe siècle aimait à dire que, s'il avait un destin, c'était d'amener le grand public à la danse. Il y a réussi, laissant des souvenirs chatoyants à des millions de spectateurs. Jamais le public, qui se pressait à guichets fermés au Théâtre de Chaillot dans les années 1980 puis au Palais des Sports ou des Congrès, à Bercy mais aussi à l'Opéra de Paris, n'a été infidèle à Maurice Béjart. Cet homme lucide – tant sur son œuvre, que sur lui-même – évoquait récemment sa mort dans le ballet Lumière crée à Lyon devant trois mille personnes en 2001. Son testament adressé aux jeunes générations— : "Plus de danse, encore plus de danse." Né à Marseille en 1927, Maurice Berger emprunte son pseudonyme à Armande Béjart, le femme de Molière. Du sang noir coule dans ses veines— : celui de son arrière grand-mère paternelle, Fatou Diagne, originaire du Sénégal. Son père, le philosophe Gaston Berger, parlait sept langues, lui récitait de la poésie mais fabriquait aussi ses jouets. Il lui consacrera un livre, La Mort subite (1990), comme il évoquera sa mère, morte lorsqu'il avait 7 ans, dans le spectacle Casse-Noisette (1999). Gamin maigrichon à qui un médecin conseilla la danse pour le fortifier, il prend des cours de danse classique pendant ses études au lycée et décide d'en faire son métier à l'âge de 18 ans. Adolescent, il rêvait de devenir torero, s'entraînait en Camargue avec des vachettes.

Arrivé à Paris, il profite de l'enseignement de maîtres comme Lioubov Egorova ou Madame Rousanne, travaille auprès des danseuses Janine Charrat, Yvette Chauviré. Roland Petit l'engage dans sa compagnie en 1948. Deux ans plus tard, il collabore avec la suédoise Birgit Cullberg et règle L'oiseau de feu à l'Opéra de Stockholm. Il fonde sa première compagnie en 1953, qui devient les Ballets de l'Etoile.

En 1955, son premier succès s'intitule Symphonie pour un homme seul, sur la musique de Pierre Henry et Pierre Schaeffer, et le met en scène tel qu'en lui-même. Il y compense sa petite taille et son manque de virtuosité classique par des sauts, des acrobaties et du mordant. Très vite, Maurice Béjart impose son style, fait de ses défauts des qualités, pour bâtir une œuvre contrastée et prolifique. En ligne de mire— : le "spectacle total". Son écriture, à la fois classique et très expressive, avec un jeu de bras musclé, fait feu de toutes les influences— : tradition indienne, africaine, turc… Son goût du texte (de Cioran à Saint-Exupéry en passant par Nietzsche ou Goethe) et du théâtre, de la philosophie comme de la psychanalyse, nourrira sa singularité engagée.

Ses ballets mythiques, repris régulièrement ces dernières années, affichent une profonde solidité artistique. Le Sacre du Printemps (1959), sur la partition de Stravinski, réglé en trois semaines, jette les hommes et les femmes les uns contre les autres dans une guerre des sexes intemporelle. Pour Boléro (1961), son écriture prend d'assaut celle de Ravel. Interprété par les plus grands, de Maïa Plissetskaïa, qui raconte comment elle suivait Maurice Béjart dans la régie pour ne pas oublier la chorégraphie, ou Sylvie Guillem, qui déclarait se sentir comme un morceau de pain au milieu d'une foule en famine, ce Boléro perdure par sa plasticité scénique, l'impeccable jeu de balance du groupe et du soliste, sa puissance expressive et sa jouissance du mouvement.


Bolero de Ravel par Maurice Béjart

Les grands motifs de l'œuvre de Maurice Béjart sont inscrits dans l'histoire de la danse. Il a su valoriser le danseur masculin, l'habillant en jean, exacerbant son érotisme dans une gestuelle virile loin du rôle de faire-valoir de la ballerine classique. Il a posé au cœur du débat la philosophie qui le nourrit depuis son enfance, qu'elle soit européenne, orientale ou asiatique. Au risque parfois de la naïveté et du sentimentalisme, certaines pièces, chargées de théâtralité comme Jérusalem, cité de la paix (1997), MutationX (1998) sur le nucléaire, militaient pour un humanisme sans œillères. Bien avant que le mot ne s'use, il a fait du métissage son porte-drapeau— : ses danseurs, comme ses élèves, débarquaient de tous les pays.

Source d'inspiration toujours renouvelée, la musique a porté son travail. Celle de Wagner, de Bach, de Berlioz mais aussi des groupe U2 ou Queen, les chansons de Jacques Brel ou de son amie Barbara. Il citait les compositeurs Pierre Boulez et Pierre Henry comme des socles de sa pensée. Sa collaboration avec ce dernier, qu'il rencontre en 1955, aboutit à un énorme succès en 1967— : Messe pour le temps présent.

Ses interprètes s'appelaient Tania Bari, Paolo Bortoluzzi, Patrick Dupond, Sylvie Guillem, Rudolf Noureev… Jorge Donn, fidèle complice qui fit toute sa carrière de danseur auprès de lui, jusqu'à sa mort en 1992, reste une icône béjartienne. Le chorégraphe avouait avoir raté des ballets mais jamais un danseur. C'est en voyant apparaître Jean Babilée en smoking un soir chez Maxim's qu'il eut envie de lui tailler sur mesure Vita Nova (1995).

Si le statut de Béjart auprès du grand public est celui d'un intouchable, le milieu de la danse contemporaine l'a longtemps tenu éloigné, alors même qu'il en est incontestablement l'un des pères fondateurs. Trop populaire sans doute, trop proche du classique. Il est aujourd'hui reconnu comme un précurseur. Son école de danse bruxelloise Mudra a formé dans les années 1970-80 des personnalités comme Anne Teresa de Keersmaeker, Michèle Noiret, Bernardo Montet ou Hervé Robbe.

Les relations de Béjart avec la France ont toujours été délicates. En 1959, sans proposition de la part de l'Etat français de lui offrir un théâtre, il part s'installer à Bruxelles où il fondera le Ballet du XXe siècle en 1960. A la demande de Maurice Huisman, il crée Le Sacre du Printemps sur la musique de Stravinski pour le Théâtre royal de la Monnaie. Il restera à Bruxelles vingt-sept ans. Proche de Jean Vilar, il conçoit avec lui en 1967 un projet pour ouvrir l'Opéra de Paris à un art populaire, mais sans résultat. Jean Vilar l'invitera au Festival d'Avignon en 1968. Au début des années 1980, Jack Lang reprend l'idée d'installer au Théâtre de Chaillot une école pour Béjart qui n'aboutira pas non plus. Sept ans plus tard, Béjart quittera Bruxelles pour Lausanne. Il y remontera une compagnie, le Béjart Ballet Lausanne, et une école, Rudra.

En 2004, Maurice Béjart nous avait accueilli chez lui, dans son petit appartement du 5e arrondissement de Paris. Décor modeste mais chaleureux, entre grotte et rez-de-chaussée parisien, un feu de bois dans la cheminée. Béjart, vêtu d'un pull rouge – sa couleur fétiche et celle du plateau de Boléro – vaque pieds nus en dépit du froid. Il en rit et déclare, comme pour s'excuser, qu'il adore ça et préfère la simplicité. Un bol de soupe chez lui le soir, plutôt que des mondanités vaines, tel était le menu de choc de Maurice Béjart.

Rosita Boisseau